Estamos a una semana para que nuestra ciudad se sumerja por completo en la fiesta vernácula más importante de Colombia, con más de un siglo de existencia. Son cuatro días de jolgorio, alegría y derroche de cultura y tradición en donde se disuelven las diferencias sociales, dejamos en receso pesares y preocupaciones, y todos, al unísono, nos ponemos en manos del Rey Momo para cumplir, al pie de la letra, el mandato de “quien lo vive es quien lo goza”.
En los últimos treinta años, la motivación de propios y visitantes por vivirlo ha ido in crescendo y hoy son cientos de miles quienes, desde la temporada precarnestoléndica, gozan a plenitud los eventos fiesteros de este patrimonio oral e inmaterial de la humanidad en buena hora liderado por los hacedores culturales, la sociedad Carnaval de Barranquilla y las reinas.
Entre las características propias de la fiesta, además de la alegría, está la burla, el sarcasmo, los disfraces, el desenfreno del espíritu, el uso de vestimentas coloridas, brillantes y estrambóticas, con elementos de la cultura carnavalera. Igualmente, los sectores comercial y turístico decoran sus establecimientos a tono con la temporada, como también lo hacen los dueños de algunas viviendas, hermosa costumbre que bien podría masificarse aún más, de manera que se le sume otro factor impactante a la festividad y se vista a la ciudad de Carnaval.
De hecho, con el mismo compromiso con que todos arreglamos nuestras casas en Navidad, deberíamos apropiarnos más de nuestro patrimonio cultural e, igualmente, motivar a conductores de taxis y carros particulares a que adornen sus vehículos con marimondas y elementos decorativos del Carnaval.
Pongo como ejemplo a mi madre que, a sus 90 años, en cuanto termina la Navidad, se dedica al desmonte de la decoración alusiva a esta temporada y, de inmediato, organiza el montaje inspirado en el Carnaval de Barranquilla. En los mecedores de su sala sienta unas figuras de negrita puloy y marimonda, pone máscaras, flores de colores y otros elementos propios de esta fiesta que le apasiona y que se ha dedicado a exaltar y preservar. De la misma manera lo hace con su carro.
Qué bonito sería que, además de su alegría desbordante, Barranquilla vistiera casas, calles y vehículos por entero de Carnaval y que pudiéramos, no solamente ver los desfiles, asistir a sus fiestas y otros eventos, sino vivir una ciudad totalmente pincelada y colorida de Carnaval. De la mano del gerente de Carnaval, Juan José Jaramillo y del secretario de Cultura, Juan Carlos Ospino, podremos lograrlo.
@Rector_Unisimon








