Dentro de los refranes populares propios de la idiosincracia costeña hay uno que aplica para denotar que solo con la presencia de alguien se cumplen los propósitos o se logran acciones concretas o efectos inmediatos que de otra manera no podrían lograrse: “La cara del santo es la que hace el milagro”.

Y sí, tal parece que es así, al menos en el caso de la seguridad en Barranquilla o de la percepción que genera en la ciudadanía contar con una mayor presencia de la Policía en cada una de las cinco localidades que conforman la ciudad.

Si hay un reclamo que seguramente no deja dormir tranquilas a las autoridades de la capital del Atlántico es el de seguridad. Un reclamo con asidero en la gran cantidad de homicidios y denuncias por extorsión que marcaron el 2025 y que motivaron un plan de la Alcaldía, en conjunto con la Gobernación del Atlántico, para invertir unos 34 mil millones de pesos en nuevos centros de atención inmediata (CAI) –fijos y móviles– y estaciones de policía en distintos sectores, sobre todo en zonas de expansión y sectores priorizados en busca de mejorar la calidad de vida de los barranquilleros, mitigar los factores de inseguridad y fomentar la convivencia ciudadana.

La inversión proveniente de los recursos de la tasa de seguridad ha permitido, de acuerdo con el reporte del Distrito y de la Mebar, entregar 8 CAI, tres de ellos en la localidad Suroccidente, tres en la Suroriente, uno en la Metropolitana y otro en la Norte-Centro Histórico.

En ejecución se encuentran cuatro estaciones de policía: Malecón de Rebolo, Riomar, Caribe Verde y El Bosque –esta última con la Base del Distrito 4; así como las salas Red de Apoyo 2 en el Centro Automático de Despacho y Centro Local de Análisis Criminal en el comando de la Mebar, donde también se construye la sede de Interpol en el segundo piso.

Los testimonios recogidos por EL HERALDO en un recorrido por algunas de las obras entregadas dan cuenta de que tener cerca infraestructuras de la institución armada les genera tranquilidad y mayor confianza para su cotidianidad, y al mismo tiempo la descentralización, que es el propósito de toda la inversión en estos nuevos espacios, es brindar una atención más rápida y efectiva a las comunidades y sus necesidades.

Tener una policía más cercana debe propiciar un trabajo en equipo con los ciudadanos para hacer frente común contra los delincuentes y para prevenir y reducir los crímenes que más golpean la tranquilidad de los habitantes de la capital del Atlántico.

Por lo pronto, las estadísticas del mes de enero, en lo que respecta a homicidios, evidencian una disminución del 19 %. En el primer mes de 2025 se reportaron 58 casos, mientras que en los primeros 31 días de 2026 la ciudad reportó 47 asesinatos.

Aunque homicidios y extorsión arrojan una disminución, en algunos sectores críticos del suroccidente, por ejemplo, las autoridades saben que es necesario desplegar mayores esfuerzos operativos y controles para contrarrestar otros delitos de alto impacto como el hurto y las lesiones personales.

El plan de inversiones en infraestructura física va de la mano con dotación en materia de movilidad, armamento y tecnología para la institución policial, que de su parte complementa con una reorganización estratégica y mayor capacitación de sus uniformados para garantizar no solo mayor presencia en cada rincón de la ciudad, sino una mejor comunicación e interacción con los ciudadanos, a partir de una mayor calidez y vocación de servicio de los integrantes de la fuerza pública.

El desarrollo social y económico atribuido a las grandes obras e inversiones de la ciudad, en desarrollo de un plan para ubicarla en el mapa de los grandes eventos y del turismo dentro del país, no podría crecer todavía más sin una articulación que propenda por ofrecer todas las garantías de seguridad tanto a propios como visitantes.

Barranquilla, la Puerta de Oro, ha subido de nivel en muchos factores. La seguridad es indispensable para que nada empañe el crecimiento que hoy nadie discute, pues es más que evidente.