En Colombia hay una norma que no aparece en ningún código, pero se aplica todos los días: gana el más vivo. El manual es conocido: hacer primero, estirar la cuerda y defenderse después. La justicia se demora y, cuando llegue, el objetivo ya estará cumplido. No es un accidente: es un cálculo. La ilegalidad dejó de ser un error para convertirse en estrategia y el sistema aprendió a convivir con ella. El que cumple espera. El que espera pierde. El más vivo, incluso si pierde al final, ya cobró. Lo más doloroso es que sea el Estado, el que nos representa a todos, el que se trata de pasar de vivo. Gobernar rápido, aun mal, se volvió más rentable que gobernar bien.

Por eso aplaudo lo que hizo esta semana la Corte Constitucional. No por el fondo del debate, sino porque decidió intervenir donde más importa. Al suspender provisionalmente el decreto de emergencia económica, frenó una jugada conocida. El Gobierno intentó hacer por decreto lo que ya le había sido negado en el Congreso: crear impuestos es competencia exclusiva del Legislativo, y ellos estaban apostando a recaudar mientras la justicia decidía.

El problema es que, en época electoral, la jugada no termina ahí. Los mensajes posteriores parecen ya orquestados. Bastó un trino para reinstalar el relato de que “no lo dejan gobernar” y que la Corte defiende a los “megaricos”, como si esos fueran los únicos que consumen, apuestan en línea o pagan servicios públicos. Cinco de los nueve magistrados que tomaron la decisión fueron elegidos por este mismo gobierno, pero ese dato no cambia el discurso. No existen impuestos que no terminen trasladándose al resto de la economía. Y ahí está la estrategia: ganar con A y con B. Se intenta un impuesto que se sabe inviable, se recauda mientras dura y, cuando lo tumban, queda la caja y queda el relato.

Esta misma semana, tuvimos el caso de Daniel Quintero. Mismo esquema, escenario distinto. Intentó inscribirse a la consulta presidencial del 8 de marzo y la Registraduría negó esa inscripción. La razón fue clara: ya había participado y sido derrotado en la consulta del Pacto Histórico el 26 de octubre, y pretendía participar ahora por un grupo distinto. Puede que no se haya resuelto el debate de fondo, eso le queda al CNE, pero sí se frenó el atajo.

No se trata de personas ni de casos aislados, sino de una forma de operar que el sistema terminó tolerando. Por eso las decisiones de la Corte y la Registraduría importan. Porque rompe el incentivo. Porque manda un mensaje urgente: no todo vale mientras la justicia decide. Las reglas aplican desde el primer día, no desde la sentencia final. Las democracias no se erosionan solo con grandes abusos, sino con pequeñas trampas repetidas hasta volverse costumbre. Cuando el más vivo siempre gana, el país siempre pierde. Y el mayor daño no es violar la ley, sino enseñar que hacerlo sí paga.

@MiguelVergaraC