Con frecuencia, cuando alguien se percata de que una persona está hablando solo o consigo mismo se asume esta conducta como indicio de que está perdiendo la razón. Nada más alejado de la realidad. Es un comportamiento sano y sumamente beneficioso para nuestra salud física y mental.
Desde el enfoque de la sicología humanista, que prioriza al individuo y la búsqueda personal de bienestar, se recomienda escucharnos a nosotros mismos, lo que tenemos que decir sobre nuestras emociones, sentimientos, vivencias, objetivos, etc., como una manera de retroalimentarnos permanentemente, ganar confianza, mejorar la autoestima y, de esta manera, promover y consolidar la realización personal.
El médico experto en desarrollo personal, Mario Alonso Puig, reconocido en redes sociales, se refirió recientemente a esta poderosa herramienta en el pódcast Tenía la duda, explicando que, a través de las palabras, es posible afectar no solo el estado de ánimo de una persona sino el propio funcionamiento del cuerpo: “El pensamiento se convierte en sentimiento: “pienso que ni puedo, me siento incapaz”, y el sentimiento afecta el cuerpo, entonces, ya, mi cuerpo se hace incapaz. De alguna manera el simple hecho de pensar de cierta manera afecta, incluso, nuestra fisiología”
Efectivamente, diversas investigaciones han corroborado este planteamiento, como la de los científicos Gary Lupyan y Daniel Swingley (universidades de Wisconsin y Filadelfia), acerca de los efectos del habla autodirigida en el rendimiento visual (2012). A los participantes se les pidió buscar objetos comunes y algunas veces se les solicitó que dijeran el nombre del objetivo en voz alta, lo que les facilitó la búsqueda, especialmente cuando había una fuerte asociación entre el nombre y el objetivo visual. Según concluyeron, estos resultados reafirman el poder de las palabras para modular el procesamiento visual en curso. En declaraciones a la BBC, Lupyan explicó que decir un nombre en voz alta es una poderosa señal de recuperación, “el lenguaje potencia ese proceso”.
Escuchar lo que tenemos que decir de nosotros mismos también puede ayudar a la memoria, a la concentración y, por supuesto, a conocernos mejor, a aceptarnos con todas nuestras características, a gestionar emociones negativas, a aliviar recuerdos dolorosos, así como a autocuidarnos y autovalorarnos más. Centrarnos en nosotros puede ser el punto de partida para establecer mejores relaciones con los demás, siendo más comprensivos con nuestros congéneres. Hablemos más frecuentemente con nosotros mismos y llenémonos de empatía.








