El nuevo orden mundial ya no pide permiso; actúa. Primero impone, después explica. Ahora mismo, Ecuador acaba de imponer un arancel del 30% a productos colombianos, argumentando razones de seguridad. No es un tecnicismo comercial ni una pelea menor. Es una señal clara de cómo se están resolviendo hoy los conflictos: es mejor pedir perdón que pedir permiso.

Lo que Ecuador está pidiendo no es tan complicado: ayúdennos a controlar el crimen en la frontera que está matando gente y presionando a sus militares. El problema son las formas, un arancel del 30%, al estilo Trump, no ayuda en nada. Pero la respuesta del Gobierno colombiano tampoco ayuda. En vez de llamar y coordinar, responde contraatacando. Para pelear se necesitan dos y, al final, nadie piensa en quienes viven en la frontera. Se habla de soberanía y de fuerza, pero son ideas que no le sirven a los que terminan pagando los platos rotos siempre: la gente. Porque para ellos, después de esto, la vida seguro será peor.

Ese gesto no es un accidente. Es parte de un mundo que dejó atrás la diplomacia y entró en una lógica cada vez más explícita: el interés nacional por encima del consenso, la fuerza como herramienta legítima y los resultados como único idioma válido. Ese es, en gran medida, el mundo según Donald Trump. No porque él lo haya inventado, sino porque lo dijo de frente y lo aplica sin complejos. Trump convirtió en doctrina lo que muchos ya venían practicando en silencio: si quieres algo, presiona; si no funciona, castiga.

Esa lógica se está replicando hasta entre países vecinos, donde lo que debería primar es la coordinación. Ese reordenamiento no es abstracto; es un mundo que se está partiendo en dos. De un lado, Occidente, con Estados Unidos, con reglas claras y exigencias concretas. Del otro, China y Rusia, con más poder concentrado y menos límites. Y países que antes podían moverse con ambigüedad, hoy están siendo empujados a definirse por un bando.

Colombia, en este tablero, no está mirando desde la tribuna. Está en el centro. Dejamos de ser buenos vecinos y aliados, para convertirnos en un problema. La delincuencia, y lo que estamos haciendo mal puertas adentro, empezó a afectar a nuestros vecinos de al lado, y además dejamos de cumplirle al aliado del norte en los temas que le importan. Hoy nos ven más como algo por solucionar que como un socio para solucionarlo, y lo que está pasando con Ecuador lo deja en evidencia.

Ese es el contexto en el que se dará la reunión entre Petro y Trump. Será una reunión pragmática, no simbólica, y un primer momento en el que a Colombia empiece a escoger su bando, en un mundo que ya no deja espacio para la indecisión. No hay un lado perfecto; hay costos. Porque el mundo ya escogió el tono. Y Colombia no puede darse el lujo de jugar este tablero sin socios, de maniobrar este mundo sin aliados, ni de entrar a este nuevo orden sin padrino.

@MiguelVergaraC