Sobre este tema hay mucho que analizar porque parecería que las equivocaciones de antaño, cuando se demolieron varias decenas de mansiones y edificios patrimoniales para construir edificaciones más grandes, algunas estéticamente desafortunadas, no han servido para evitarlas y hoy se está repitiendo la historia ante la vista indolente de las autoridades complacientes y de la ciudadanía que solo puede apreciar aterrada como el mazo implacable destruye lo que debería protegerse como un patrimonio de ciudad con el que se muestra la gran historia de nuestra arquitectura otrora reconocida en todo el país.

La demolición del edificio Palma ha sido el más cuestionado de los errores cometidos en nuestro Centro Histórico, pero también cayeron otros, como el bellísimo Hotel Astoria en la esquina de “Murillo” con “20 de Julio”, y muchos que aunque con deterioro que amenaza ruina, o ya convertidos en ruina total, aún se mantienen como esperando días mejores. Por eso la urgencia del rescate en serio, de nuestro Centro Histórico. En nuestro barrio El Prado se demolieron varias mansiones, como la irremplazable joya arquitectónica llamada “Mansión de Mares”, Bulevar Central con calle 59 esquina.

Estoy totalmente de acuerdo con nuestro Secretario de Cultura, Patrimonio y Turismo del Distrito, Dr. Juan Carlos Ospino, cuando manifiesta que ya Barranquilla está suficientemente madura para tomar de manera autónoma las decisiones sobre su patrimonio arquitectónico sin tener que depender del Ministerio de Cultura, que además de dilatar exagerada e innecesariamente autorizaciones o prohibiciones, no tiene razones para conocer más que nosotros, lo que se debe y lo que no se debe hacer en esta materia. Esa dependencia del Gobierno centralizado en Bogotá ha incidido en demoras excesivas para conceder permisos y en equivocaciones que pueden ser de buena fe, pero que afectan nuestro patrimonio.

Pero lo que sí es inaceptable es que justo hoy en el norte de nuestra ciudad se estén demoliendo bellas casas de arquitectura moderna que deberían ser consideradas como patrimoniales porque no solo las construidas hace un siglo se merecen ese reconocimiento, para construir sobre sus escombros edificios de varios pisos. Y para mí es menos comprensible que este despropósito se esté sucediendo en sectores que en el pasado POT, que ya hoy no está vigente, eran predios exclusivamente para residencias unifamiliares, así que además de desaparecer modernas joyas arquitectónicas, se ultraja e irrespeta a vecinos que construyeron sus casas en un vecindario uniforme y hoy se ven afectados de manera directa cuando de un momento a otro les construyen al lado o atrás una torre, perdiendo estos toda su privacidad, sobre todo en sus patios. Es que no todo puede medirse en pesos, porque un hogar vale más que la plata.

@nicorenowitzky