La captura de Nicolás Maduro provocaría un remezón inmediato en la estructura política venezolana. No sería solo la caída de un mandatario, sino el quiebre de un modelo que lleva más de dos décadas en el poder.

Transición del poder: Su salida generaría un vacío que obligaría a activar mecanismos constitucionales o acuerdos de emergencia para mantener la gobernabilidad. El papel de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana sería decisivo para definir si la transición avanza de manera ordenada o si se abre un pulso interno por el control del Estado.

Reacomodo del chavismo: El chavismo no desaparecería, pero sí entraría en una fase de reacomodo. Sectores del PSUV buscarían preservar influencia, mientras otros intentarían marcar distancia del legado de Maduro. No sería extraño que surgieran voces que hablen de “renovación” para asegurar la supervivencia política del movimiento.

La oposición ante una oportunidad: La oposición tendría una oportunidad histórica, siempre que actúe con unidad y responsabilidad. Un gobierno transitorio amplio y con legitimidad social sería clave para recuperar la confianza ciudadana y evitar tensiones o escenarios de revancha.

Instituciones y justicia: Con un cambio en la cúpula, se abriría un proceso de revisión de las instituciones: justicia, órgano electoral y entes de control. La prioridad sería restablecer la independencia de poderes e investigar violaciones a los derechos humanos y actos de corrupción, garantizando rigor sin convertir la justicia en instrumento de persecución.

Expectativas ciudadanas: La población combinaría esperanza e incertidumbre. Las demandas sobre salarios, servicios públicos y alimentación serían inmediatas. Manejar esas expectativas con realismo será esencial para no frustrar el proceso desde su inicio.

Economía y recuperación: La transición abriría la puerta a reformas económicas, posible levantamiento de sanciones y regreso de la inversión extranjera. La recuperación, sin embargo, no sería rápida: requerirá estabilidad, reglas claras y un plan serio de reconstrucción.

Relaciones internacionales: Los aliados de Maduro tendrían que redefinir su postura, mientras que EE. UU., la Unión Europea y América Latina evaluarían su respaldo a la transición. Si Venezuela demuestra voluntad de cambio, podría reintegrarse gradualmente al sistema internacional.

Fuerza Armada y seguridad: Uno de los retos más delicados será redefinir el rol militar. La subordinación al poder civil y el desmonte de redes ilegales serán indispensables para recuperar confianza dentro y fuera del país.

Reconciliación nacional: Más allá del cambio político, el desafío mayor será la reconciliación. El país necesitará un diálogo honesto que permita cerrar heridas y construir un nuevo pacto social para evitar repetir ciclos de crisis y autoritarismo.

@hernanbaquero1