A la luz de los hechos, ya es posible afirmar que las inconclusas obras de mejoramiento y modernización del Aeropuerto Ernesto Cortissoz, todo un dolor de cabeza para Barranquilla y el resto del Atlántico, son un caso paradigmático en Colombia de ineficacia o negligencia.

Llueve sobre mojado en la terminal aérea. Un informe de auditoría de la Aeronáutica Civil, conocido por EL HERALDO, revela una serie de debilidades crasas en la formulación de los estudios y diseños técnicos elaborados en la etapa contractual. Estas ‘perlas’ del contratista Consorcio Infraestructura AIEC 2026 dieron al traste con el cronograma, sobre todo en las obras lado tierra, avaluadas en $34 mil millones, lo que derivó en inaceptables retrasos. Que, a finales de 2025, los trabajos solo registraran un avance del 16 %, no es un dato menor, sino la señal clamorosa del fracaso en la gestión contractual, a cargo de la entidad nacional.

Retrasos en sistemas de climatización, entregas parciales o desordenadas de diagnósticos y la ausencia de información técnica oportuna impidieron el avance efectivo de obras clave desde junio de 2025. A ello se sumó la imposibilidad de ejecutar demoliciones y desmontes básicos en zonas críticas de la terminal, lo que terminó por ralentizar el cronograma global.

Lo más insólito de todo este despropósito es que la Aerocivil no encontró causas externas ni reales, valga decir, que justificaran las dilaciones. Es más, pudo establecer que había un clima favorable, presencia de personal en la obra y hasta condiciones operativas normales para el correcto desarrollo del proyecto. Entonces, ¿qué pasó? La explicación más ajustada a la triste realidad apunta a fallas o deficiencias internas del contratista, a sus vacíos u olvidos en la planeación contractual, que le obligaron —in extremis— a incluir en la intervención unos 13 ítems no previstos en un primer momento. Esa improvisación pueril terminó trasladando el peso de su ineficiencia a Barranquilla y a los usuarios del aeropuerto.

Dicho esto, surge una pregunta inevitable: ¿por qué la Aerocivil no escogió una firma con la solidez técnica y operativa suficiente para garantizar el cumplimiento de las etapas del proyecto en los tiempos pactados? También habría sido importante que hubiera acreditado responsabilidad y seriedad, porque en varios momentos ni siquiera informó con presteza ni claridad lo que estaba sucediendo. Sin las alertas de la Veeduría Ciudadana del Cortissoz, integrada por gremios del Atlántico y la Asociación Cívica Por Amor a Barranquilla, el asunto habría pasado de agache y, con seguridad, no se conocería el alcance real de este problema.

Cada mes de retraso en la culminación de las obras del Cortissoz alarga las incomodidades para los pasajeros, limita la capacidad operativa del aeropuerto y le resta atractivo a Barranquilla como destino turístico y de negocios. Ni hablar del costo reputacional o, lo que es lo mismo, de la vergüenza que es tener una terminal aérea de vereda, de infraestructura estancada, justo cuando la ciudad busca consolidarse como un hub aeronáutico, un nodo logístico y un referente de eventos a escala nacional e internacional. El impacto es múltiple.

El director encargado de la Aerocivil, el bolivarense Luis Martínez, el cuarto funcionario que ocupa ese cargo en este gobierno, acaba de descartar por ahora la cesión de las obras al Distrito, como lo solicitó de manera formal el alcalde Alejandro Char. Su promesa de un aeropuerto “totalmente diferente” en mayo contrasta con la magnitud del retraso. Esperamos que nos confirme en Barranquilla la buena nueva, luego de anunciarla a la prensa nacional y, en todo caso, nos damos por enterados y ya anotamos la fecha señalada.

El Cortissoz no solo es un proyecto a medio terminar, también confirma que la falta de rigor o controles en la contratación pública causa grandes perjuicios. Merecemos un aeropuerto digno, a la altura del progreso de Barranquilla, con procesos transparentes y contratistas capaces de cumplirle a la ciudad, en particular ahora que el consorcio original se vio forzado a ceder a otra firma parte del contrato del lado tierra. Adelante, culminen las obras en el nuevo plazo. Uno más. Y mientras sucede, insistamos en abrir un indispensable debate sobre responsabilidades y prioridades, al oído de los entes de control, en el que se cuestione por qué y quiénes toleraron un desempeño deficiente que nos pasa tan insufrible factura.