“Limpia lo limpio para no tener que limpiar lo sucio”. Esa frase la leí hace unos 40 años pintada en varios muros de la sede del SENA calle 30 y desde entonces la he puesto en práctica, y quizás a raíz de esa frase es que analizo lo que es la limpieza de las zonas públicas como también con desagrado, la manera como muchos barranquilleros arrojan sus desechos, así sea la colilla de un cigarrillo, o las toneladas de basura que son arrojadas a los arroyos de nuestra ciudad.

Quizás también fue esa frase en los muros del SENA la que me motivo a publicar el 16 de agosto de 1995 una columna que titulé “Escobitas amarillas en esta Babilonia”, haciendo alusión a las recordadas “Mariposas amarillas” y a Mauricio Babilonia de “100 años de Soledad”, y en la misma describía la muy desagradable sensación que debían sufrir los empleados de la recién nacida Triple A, llamados en ese entonces “escobitas amarillas”, que con sus uniformes de ese color barrían nuestras calles y andenes, cuando al volver la mirada hacia atrás en el mercado y en el centro apreciaban que vendedores y transeúntes las ensuciaban enseguida. Y es que Barranquilla no se destacaba entonces por su limpieza.

Hoy la nuestra es una ciudad que luce muy limpia, y aunque aún persiste la absurda costumbre de arrojar basura a los arroyos y contratar carretilleros para botar escombros, podas y basura al sitio abierto más cercano, la Triple A desarrolla un encomiable trabajo de limpieza de calzadas, andenes, bulevares y parques, trabajo arduo pero muy bien organizado.

En esta administración además, se ha instituido un programa llamado “Barranquilla Limpia y Linda” liderado por Dina Luz Pardo, Jefe Oficina de Servicios Públicos, y Ana María Aljure, Gerente de Ciudad, que contribuye a erradicar tanto basureros como puntos desaseados, y seguidamente rediseñan esos espacios reparando bordillos, andenes, muros, etc., pintándolos y organizando atractivos jardines, así lo que fue un desagradable “lunar” se convierte en un sitio atractivo, y al involucrar a la comunidad residente en el sector y a colaboradores espontáneos, el vecindario se apropia de ese espacio cuidándolo y atendiéndolo.

Desconozco si pudiera la Triple A diseñar un programa destinado a facilitarle a toda la ciudadanía, especialmente a la de los sectores más populares de la ciudad que son en los que más se generan esas basuras arrojadas a arroyos canalizados, para recoger sus desperdicios, sean escombros, podas o desechos de todo tipo, con una tarifa tan baja como el valor que estos le pagan a un carretillero, acompañado de una muy amplia y eficiente campaña publicitaria con la que además se culturice a niños y adultos en defensa del medio ambiente. Y es posible que resulte menos costoso que la posterior limpieza de arroyos y basureros. Es una simple sugerencia.