Llevo muchos años siendo docente, creo que es una de las acciones que me definen como ser, y aún me sigo preguntando qué significa realmente educar. En mi historia personal he pasado por aulas de todos los tamaños, con estudiantes de distintas edades y sueños; he leído muchos autores que me enseñan de pedagogía, he participado de investigaciones académicas tratando de entender este evento humano y cada vez me es más claro que educar es acompañar a las personas en sus procesos de ser humanos.
En estos tiempos, donde todo parece medirse en resultados, cifras y logros visibles, educar es un acto de resistencia. Porque acompañar a alguien en su proceso de aprender no es llevarlo a donde yo quiero que llegue, sino caminar con él mientras descubre su propio destino. Acompañar implica mirar al otro con compasión, no con condescendencia, lo cual supone una gran comprensión de uno mismo y de los demás.
Hace unos días, en un Webinar con mis compañeros de la Casa del Maestro de la Universidad de la Costa, propuse que tres desafíos de hoy para los maestros son: acompañar, provocar análisis y transformación.
La educación no puede limitarse a transmitir información. El mundo está saturado de datos. Se requiere es saber cómo esos datos influyen a las personas en sus procesos de convertirse en sí mismas, lo cual me hace entender que enseñar hoy implica caminar al lado del otro. Escuchar sus miedos, validar sus preguntas y ofrecer herramientas para que construya su propio criterio. Educar es un acto de presencia; es una relación humana que requiere tiempo, empatía y coherencia.
La segunda tarea es formar pensamiento crítico. Vivimos en la era de las noticias falsas. El ruido digital confunde y los discursos fáciles se disfrazan de verdad. Educar críticamente es enseñar a dudar, a preguntar, a contrastar. Es ayudar a discernir lo verdadero de lo aparente y a tener conciencia de qué es profundo y qué es superficial. La educación que no incomoda es domesticación. El resultado del proceso tiene que ser que los estudiantes tomen posición personal ante la realidad.
Esto debe ocasionar transformación. No basta con adaptarse, hay que crear. La educación no puede ser solo un espejo del pasado, tiene que ser laboratorio del futuro. Transformar no es destruir lo anterior, es darle un nuevo sentido, es conectar conocimiento con acción y teoría con vida. Es enseñar a cuidar la casa común, a construir paz y justicia desde cada aula, cada pantalla, cada conversación.
Son los desafíos que voy encontrando y viviendo. No son fáciles, son complejos como todo lo que tiene sentido.
@Plinero








