Con Querido Trópico, su ópera prima de ficción, la directora panameña Ana Endara Mislov ofrece un retrato delicado y matizado de dos mujeres que se unen por la fragilidad de su presente. Con más reflexión y contemplación que melodrama, la película encuentra en lo íntimo un territorio de resistencia y de afectos inesperados.

Coescrita por Endara junto a Pilar Moreno, la cinta sigue a Mercedes, o Mechi (Paulina García), una mujer de clase alta que enfrenta el avance de una demencia que desmantela poco a poco su mundo. La enfermedad, más que una amenaza, opera como un lento despojo que le arranca los códigos sociales que antes le servían de protección para dejarla en la intemperie emocional.

A su cuidado llega Ana María (Jenny Navarrete), una inmigrante colombiana que ha dejado atrás a su hijo y a su país. Vive en aislamiento, sin red familiar, y con un secreto que marca su forma de vincularse. Jimena (Juliette Roy), la hija de Mechi, la contrata con la promesa —si todo va bien— de ayudarla a resolver su situación migratoria. Entre ambas mujeres nace una relación compleja, un vínculo marcado por la dependencia, el afecto contenido y una tensión constante entre poder, memoria y desarraigo.

Endara apuesta por un ritmo pausado, casi hipnótico, que exige paciencia pero recompensa con detalles sutiles. La cámara, atenta y cómplice, se vuelve un personaje más, registrando la humedad del trópico, el verdor opresivo del jardín y los silencios cargados que dicen más que cualquier diálogo. Ese entorno exuberante pero cerrado funciona como metáfora del encierro emocional de las protagonistas, atrapadas en sus propias pérdidas.

Aunque la premisa del vínculo entre cuidadora y paciente no es nueva, la película se sostiene por la verdad emocional de sus actuaciones. García y Navarrete no recurren a las lágrimas sino que construyen personajes honestos, heridos y entrañables. La química entre ambas es discreta pero convincente, explorando la posibilidad tanto de mostrar afecto, como consuelo y dolor.

Estrenada en la sección “Centrepiece” del Festival de Toronto, Querido Trópico confirma que Endara Mislov tiene un pulso fino para el detalle emocional. Si bien por momentos se adentra demasiado en la contemplación y corre el riesgo de diluir su tensión dramática, su mirada es lo suficientemente sensible como para dejar una huella. Sin necesidad de grandes gestos, esta coproducción colombo-panameña logra quedar flotando en la memoria del espectador.

@GiselaSavdie