La consulta del Frente por la Vida, esa apuesta de la izquierda para medirse antes de la primera vuelta, empezó a deshojarse –antes del 8 de marzo– como si alguien hubiera soplado con fuerza sobre sus nombres.
El primero en dar el paso al costado, de manera forzosa, fue el senador Iván Cepeda, la gran apuesta del oficialismo para continuar en la Casa de Nariño. El legislador fue bloqueado por el Consejo Nacional Electoral, CNE, de poder participar en los comicios interpartidistas porque –según la organización– ya lo habría hecho en octubre del año pasado, en la contienda del Pacto Histórico.
Tras este golpe, fue Juan Fernando Cristo quien también se bajó del barco. Lo hizo temprano, con un mensaje medido pero contundente: sin Iván Cepeda en la consulta, dijo, la centroizquierda quedaba incompleta. La decisión del Consejo Nacional Electoral de impedir la participación de Iván Cepeda —por haber estado en una consulta previa en octubre— había cambiado las reglas del juego a última hora.
Cristo habló de pluralidad, de pensamiento liberal, de una coalición que había nacido con vocación amplia y terminó cercada. Recordó que se habían pactado reglas, que incluso se había cambiado el nombre original del bloque para hacerlo más incluyente. Pero la exclusión de Cepeda, aseguró, alteraba el equilibrio político de la consulta.
Horas después, en Santa Marta, el dominó volvió a caer. Camilo Romero, exgobernador de Nariño y exembajador, sostuvo un encuentro con Cepeda. Al caer la tarde confirmó lo que ya era un rumor en los corrillos progresistas: también se retiraba.
En la carta radicada ante la Registraduría Nacional del Estado Civil, Romero habló de coherencia y de responsabilidad histórica. Una consulta sin Cepeda —escribió— desnaturaliza el espíritu unitario del Frente y fragmenta a la fuerza progresista en un momento que exige cohesión.
El nombre de Roy Barreras comenzó entonces a aparecer en conversaciones cruzadas y acusaciones directas. Algunos sectores lo señalan de haber entorpecido el proceso; Romero fue más allá y habló de “trampa” y de oportunismo. En su narrativa, el progresismo estaría bajo dos fuegos: el de los “politiqueros” del CNE y el de quienes, dentro de casa, aprovecharían la coyuntura.
“El 8 de marzo, la mayoría de los colombianos que no quieren extremistas, que están preocupados, que están asustados, los invito a salir a votar masivamente para tener un gobierno serio. Y un gobierno que vaya al cambio 2.0, pero con certezas, dándole garantías al sector privado, garantías a toda la dirigencia, recuperando el sector salud y devolviéndole la seguridad a los colombianos aquí en Barranquilla. No pueden ser las bandas criminales las que hacen lo que les da la gana”, dijo Barreras en diálogo con EL HERALDO.
“Una parte de la izquierda es extremista en su discurso. Hay unos sectarios a los que se les olvida que la izquierda izquierda no gana sola, compañeros del Pacto. La izquierda no gana sola; Petro no ganó solo. Se les olvida que los liberales progresistas estuvimos ahí y vamos a volver a estar para darle a Colombia el cambio 2.0, pero la izquierda sola no puede y yo tampoco puedo solo. Los necesito el 8 de marzo derrotando primero a la derecha; después nos juntamos. Derrotemos a la derecha y luego nos juntamos, pero hay que pedir el tarjetón, este tarjetón. En ese tarjetón yo estoy donde he estado desde que nací; bajo y en el centro. Lo necesito ayudándome a derrotar a la derecha y a unir el país”, agregó.
Incógnita con Cepeda
La escena no ocurrió en una tarima ni en un debate televisado. Ocurrió en el silencio breve que queda después de una decisión polémica. Apenas el Consejo Nacional Electoral dejó por fuera a Iván Cepeda de la consulta, el teléfono vibró en manos de quien hoy admite que no le gusta dejar cabos sueltos.
“Yo lo llamé al minuto”, dice. No habla con rabia, sino con esa mezcla de incredulidad y cálculo que suele acompañar a los políticos cuando el tablero cambia sin previo aviso. Marcó. Esperó. Nada. Entonces escribió un mensaje que —asegura— todavía conserva: Iván, pongámonos de acuerdo, ¿cómo vamos a reaccionar frente a esta trampa?
Sin embargo, la respuesta no llegó en privado. Llegó en público. Un trino. Cepeda anunciando que iría directo a la primera vuelta, sin conversación previa, sin reunión de emergencia, sin foto de unidad. “Me sorprendió”, confiesa ahora. Y en esa palabra —sorprendió— cabe más que desconcierto: cabe la fractura.
“La izquierda sola no puede. Entonces hay una especie de delirio y está la pesadilla de las encuestas y estamos condenados a la división. Porque la derecha termina poniéndose de acuerdo.
La consulta uribista es un voto perdido porque los teloneros de Paloma todos terminan en la senadora Paloma Valencia, quien termina haciendo fórmula con Abelardo porque es la más disciplinada, la más obediente. Y esa es la fórmula de una silla; la otra es la nuestra, la silla progresista, pero necesito que me ayuden a derrotar a la derecha. Los liberales, la gente que tiene sangre liberal como yo, los independientes, la gente que hoy no quiere un gobierno extremista, a ellos los necesito activos”, explicó.
La carta de Quintero
Daniel Quintero, exalcalde de Medellín, es la otra gran carta de la consulta del Frente por la Vida para llegar a la primera vuelta. Sin embargo, al igual que con Barreras, el político paisa no goza de mucha favorabilidad en grandes sectores del progresismo.
“Yo soy un tipo raro que incomoda no solo a la derecha, sino a algunos sectores de izquierda tradicionales que han creído que solo desde Chapinero en Bogotá se puede hablar de izquierda. Es un centralismo aplicado también a la izquierda que le ha hecho mucho daño al crecimiento del progresismo en nuestro país y que el presidente mismo ha rechazado y, de alguna manera, ha pedido que reflexione. El sectarismo, el tratar de sacar a otros, a veces como estrategia política, solo nos vuelve más pequeños. Pero también yo vengo con ideas nuevas, novedosas, innovación, creatividad, muchos jóvenes, y cuando uno irrumpe de esa manera, cuando el objetivo es crear una revolución, pues genera choques tanto adentro como fuera”, le dijo en su momento a EL HERALDO.
“Yo no quiero cambiar una cosa, yo quiero cambiar el país. Y por eso yo no hablo solo de cambiar o la educación o la salud o el empleo, sino de resetear la política. De transformar todo lo que tenemos hoy en nuestro país llamando a una constituyente. Hay que resetear el Congreso, que es la madre de todos nuestros males. Ahí es donde se concentran los mayores, no solo focos de corrupción, sino trabas para el cambio en nuestro país. El presidente es el mejor presidente de la historia. Ha manejado bien las cifras económicas, eso no lo tengo que decir. Dicen los economistas. El dólar está bien, la inflación está bien, la tasa de desempleo, con excepciones como Barranquilla, está bien. Sin embargo, al gobierno le ha faltado. Yo pretendo ser la vitamina para el gobierno. Meterle acelerador”, agregó.
El próximo 8 de marzo, junto con las elecciones para Senado y Cámara de Representantes, se celebrarán tres consultas para definir otras candidaturas presidenciales de la derecha, el centro y la izquierda.
















