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El reggaetón, ese género rítmico que apareció a partir de los años 80 y 90, para abrirse paso ante las dificultades que ha afrontado su presentación, es un híbrido que terminó ingresando a nuestro carnaval barranquillero, intentando imponer su reinado .

Es así como nuestros aires folclóricos que le dan identidad a estas fiestas carnestoléndicas y que la Unesco las declaró Patrimonio inmaterial, atraviesan una transición comprometedora, ante la presencia del reggaetón y todo aquello que se le parezca como el rap, el hip-hop y la champeta con recursos como el teclado electrónico, el sampler y la caja de ritmos para su interpretación, tratando de desalojar nuestros cantos y bailes como el porro, el fandango, la cumbia y la caña de millo, más la gaita, nuestras bandas pueblerinas, etc.

Nuestro carnaval también son los disfraces y bailes, las danzas, las comedias, las comparsas, las carrozas adornadas con espectaculares colores. Pero esto también es influído, como sucede con las plumas de todos los colores que hemos heredado del carnaval brasilero.

Finalmente estamos a tiempo para evitar que esas influencias vayan fortaleciéndose, y terminen dándole un vuelco rotundo a nuestro carnaval en donde se pierda toda su sustancia, toda su identidad.

JOSÉ PORTACCIO FONTALVO