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En reciente entrevista realizada para la revista Bocas, al científico colombiano Rodolfo Llinás, actual director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York, haciendo alusión a los colegios donde cursó estudios, manifestó que “enseñaban unas cosas que no entendía y que no eran interesantes. El problema grave es que, como no tenían contexto, entonces no aprendía…” Y refiriéndose a manera de ejemplo a la geografía, y en concreto a los afluentes del río Caquetá, señaló: ¿para qué necesito saberlo? Esos son conocimientos completamente inútiles. Yo aprendí las pocas cosas que sé en mi casa, con mi padre y con mi abuelo”.

Actualmente, el científico citado cuenta con 78 años de edad y aún en nuestro medio permanecen vigentes modelos educativos que dirigen su mirada a una educación descontextualizada, tratándose, ya de niveles básico, medio, superior, técnico o tecnológico.

La educación descontextualizada es producto de modelos educativos construidos que se contraponen con los intereses de los estudiantes, viéndose a estos como simple consumidores de contenidos educativos. Dicha educación se caracteriza principalmente por: 1). Descansar exclusivamente en espacios escolares o recintos educativos desconectados de la realidad y de las necesidades de los estudiantes y, por supuesto, del contexto social y cultural donde se encuentran inmersos 2). Genera un divorcio entre la teoría y la práctica. 3). Desprecia la autonomía de los estudiantes, en el sentido que no brinda espacios para la creatividad, la reflexión y el espíritu crítico. 4). Imposibilita la capacidad de análisis y síntesis. 5). Anula el compartir y el sentido de pertenencia.

Lo que necesita el país son modelos educativos basados en competencias y cualidades humanas básicas. En un aprendizaje activo, donde se dé cabida a la imaginación, a la resolución individual de problemas, a debates y donde el docente sea un acompañante. Para ello se requiere formar docentes en la definición y planteamientos de situaciones en las cuales los estudiantes puedan construir, modificar y reformular conocimientos, actitudes y habilidades, especialmente en lectura, escritura, pensamiento crítico y pensamiento complejo. Además de un currículo apoyado en situaciones reales, complejas, inciertas y problemáticas. Sin estos cambios de fondo, el país seguirá presentando bajos resultados en las pruebas Pisa y Pirls. Así, como también la calidad de la educación superior, seguirá mal posicionada a nivel mundial.

Edgardo Enrique Salebe Morr