El desfile de la Gran Parada del Tradición volvió a demostrar que el Carnaval de Barranquilla no solo es música y baile, sino también creatividad, memoria cultural y personajes que despiertan sonrisas.
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Este domingo, la Vía 40 se convirtió en un escenario donde la imaginación y la tradición desfilaron juntas, conquistando miradas y aplausos del público.
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Entre los vestuarios más llamativos estuvo el de Estella Ruiz, quien decidió rendir homenaje a un personaje clásico de la televisión latinoamericana. Vestida como La Chilindrina, explicó con entusiasmo que lo hizo porque siempre le ha gustado El Chavo del Ocho. Su traje, lleno de color y detalles, provocó fotos y comentarios de los asistentes, que celebraban la mezcla de nostalgia y carnaval.
La tradición también dijo presente con la comparsa Cumbiamba La Arenosa, una de las más antiguas, fundada en 1947. Sus integrantes desfilaron con elementos simbólicos como tabaco y calidia, representando al campesino y a la gente del monte. Ricardo Sagarra, miembro del grupo, destacó que estos accesorios no son nuevos: “Siempre los llevamos y los prendemos, porque hacen parte de nuestra esencia y de lo que representamos”.
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El Carnaval también es internacional. Desde Berlín llegó Paul Jhon, quien vivió por primera vez la fiesta barranquillera y no dudó en sumarse al baile. Rodeado de quienes ya considera su familia en la ciudad, expresó su felicidad por participar en la cumbia y aseguró que espera regresar para seguir disfrutando la celebración.
La fantasía y el espectáculo se hicieron notar con el escuadrón inspirado en la lucha libre mexicana. Pablo Andrés Ospino Sánchez, conocido artísticamente como Body del Artista, desfiló caracterizado como Mil Máscaras, explicando que su intención es revivir la época dorada de estos ídolos del ring junto a figuras como El Santo y Aníbal. Su propuesta despertó curiosidad y aplausos entre quienes recordaban a estos personajes legendarios.
Otro atuendo que capturó la atención fue el inspirado en Mario Bros, recreado con precisión y humor, demostrando que el Carnaval también abraza íconos de la cultura popular global sin perder su esencia local.
Más allá de lo pintoresco, el desfile dejó claro que muchas de las danzas participantes son agrupaciones tradicionales con décadas de historia, que año tras año salen a la calle para rendir homenaje a la fiesta más grande de Barranquilla. En cada paso, en cada traje y en cada sonrisa, quedó reflejado que el Carnaval es un patrimonio vivo que se reinventa sin olvidar sus raíces.


