Barranquilla fue testigo de la transformación artística de Yeison Jiménez, una de las voces más representativas de la música popular colombiana, quien encontró en la Arenosa una plaza que lo acogió desde la humildad y lo despidió en la cima, sin que su esencia cambiara.
La primera vez que el recién fallecido cantante pisó la ciudad fue antes de la pandemia, hacia 2018. Entonces, lejos de los grandes escenarios y los contratos millonarios, se presentó en un modesto bar de la carrera 8 con calle 43, conocido como Mi Tierra Paisa, un sitio que ya no existe. Llegó con pistas, un pequeño equipo de trabajo y cobró apenas $7.500.000, más hospedaje en un hotel sencillo (Atrium Plaza). No exigía lujos ni condiciones especiales.
“Era un muchacho humilde, muy sencillo, nada exigente”, recuerda Roberto Miranda Suescún, hombre de radio experto en música popular, quien lo presentó en tarima aquella noche.
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“Más de 150 personas disfrutaron del evento. En ese momento no tenía tanta fama, pero ya era reconocido en el Eje Cafetero. La canción que lo identificaba era ¿Por qué la envidia?”.
Miranda rememora que la historia de Yeison estaba marcada por la necesidad. “Desde niño la pobreza lo obligó a trabajar en el mercado, vendiendo aguacates y cargando bultos. Pero siempre soñó con ser cantante”.
Ese sueño comenzaba a tomar forma también en la costa Caribe colombiana, una región que empezaba a ser seducida por la nueva ola de cantantes de la música popular.
Con el paso de los años, su carrera se disparó. Canciones como El aventurero y El desmadre, de su autoría, lo consolidaron a nivel nacional e internacional. Llegaron las colaboraciones con referentes del género como Darío Gómez, Luis Alberto Posada y Jessi Uribe, así como con artistas internacionales como Espinoza Paz. “Sus presentaciones pasaron a ser llenos totales y su cotización alcanzó cifras cercanas a los $180 y $200 millones por show”, agrega Miranda Suescún.
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Sencillez intacta
El 21 de noviembre del año pasado, Yeison regresó a Barranquilla para presentarse en Díscolo, una de las discotecas más prestigiosas de la ciudad. El contraste con aquella primera visita era evidente: de un bar modesto a un escenario de primer nivel, de pocos a cientos de millones. Pero el artista seguía siendo el mismo.
“Fue un evento atípico”, cuenta Liana Daza, productora de eventos de Díscolo. “Al principio la venta iba lenta, pero de un día para otro se disparó y fue lleno total. Entraron cerca de 800 personas. Él no esperaba tanto respaldo del público barranquillero”.
Daza destaca no solo el éxito del concierto, sino la calidad humana del artista. “Era conversador, observador, muy amable. Nada de actitudes crecidas. Me dijo que tenía hambre, le puse comida, después me pidió café. No fue exigente en el camerino: frutas, snacks, proteínas y una estación de café de su colega Jorge Celedón, el cual combinaba con aguardiente”.
Incluso en detalles pequeños, Yeison marcaba la diferencia. “Ese día estaba patrocinando una marca de aguardiente, y él pidió que quitaran el whisky. Respetó el patrocinio, algo que no todos los artistas hacen”, relata la productora.
Sobre el escenario, el público enloqueció. “El show fue espectacular, se escuchaba impecable. Cantó con el artista local Rafa Mora una canción que había grabado con Luis Alfonso (Destino final). No fue egoísta, compartió tarima con gusto”, agrega Daza.
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Pegar en Carnaval
Barranquilla no era solo una ciudad más en su agenda. Según Marta López, promotora del artista en la región Caribe, Yeison tenía planes claros con la Arenosa. “Quería disfrutarse el Carnaval, era un sueño para él. Este 2026 quería hacer parte de las fiestas, cantar, subirse a una carroza, abrir su camino en la Costa como lo hicieron otros colegas”.
Ese vínculo fue más allá de lo profesional. “Le apostó tanto a la ciudad que se compró un apartamento en el Malecón. Sus sueños incluían venir con nuevos sencillos, uno de ellos con Maluma, el cual ahora no sé cuándo se lanzará al mercado, pero decía que ese tema con Maluma seguro gustaría mucho en el Carnaval de Barranquilla”, revela López.
Hoy, tras su fallecimiento, Barranquilla recuerda a Yeison Jiménez no solo como el artista que pasó de cobrar pocos millones a llenar escenarios de élite, sino como el hombre que nunca olvidó sus orígenes humildes, ese que pidió hotel modesto y que, aun en la cima, conservó la humildad con la que llegó por primera vez a la carrera 8.
La Arenosa fue, para él, una puerta abierta, un público fiel y un sueño que alcanzó a saborear.
La voz de Yeison Jiménez se apagó de forma trágica luego de que la avioneta en la que viajaba junto a otras cinco personas estallara en la maniobra de despegue, pero su historia sigue resonando en cada esquina colombiana donde alguna vez cantó “con el corazón” como lo dejó grabado en sus múltiples éxitos.
















