En pocos días se habrá desgranado mucho más la mazorca de candidatos presidenciales. La lista de aspirantes sigue siendo muy extensa. Catorce candidatos son demasiado. La realidad política indica que sólo Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo De la Espriella tienen posibilidades reales de pasar a segunda vuelta. Ello significa que de los tres candidatos favoritos en las encuestas sólo dos disputarán la Presidencia en junio, en una segunda vuelta presidencial. De los tres, solo Cepeda tendría garantizado hoy el tiquete a la segunda vuelta.
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Aunque algunas encuestas recientes -entre ellas la de la Celag- muestran un gran crecimiento del candidato gobiernista, quien habría superado los 44 puntos de intención de voto, lo cierto es que el escenario de un triunfo de Cepeda en primera vuelta es poco probable.
Su crecimiento en las encuestas tendría que ver no solo con el respaldo descarado y abierto de Petro, quien impunemente realiza campaña a su favor, sino también con la disputa descarnada que libran Paloma y Abelardo, que terminó por causar una especie de “fatiga electoral” en ambas campañas. Las disputas de los dos candidatos opositores estaría empantanando -o neutralizando- ambas candidaturas. El “fuego amigo” estaría causando más daño del presupuestado.
Mientras la incertidumbre se toma la campaña por los lados de los opositores, el candidato gobiernista cabalga tranquilo sobre el lomo de su jefe de campaña, el mismísimo presidente Petro.
Así las cosas, la figura del llamado “voto útil” terminará por definir la suerte de muchos candidatos o candidatas. La posibilidad de no “desperdiciar el voto” en un candidato -o candidata- con muy pocas opciones de ganar llevaría a un buen número de votantes a inclinarse por alguno de los tres punteros. Ese podría ser el caso, por ejemplo, de la candidata Clara López, quien ante la inviabilidad que muestra su candidatura habría decidido aterrizar este lunes en la campaña de Cepeda.
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Las razones de ese acercamiento no sólo tendrían que ver con afinidades ideológicas, sino con asuntos mucho más terrenales y pragmáticos. Y es que a estas alturas del partido comienza a jugar un factor determinante en la suerte de las campañas: la falta de recursos económicos. Sostener una candidatura presidencial vale mucha plata y no todos los candidatos tienen el músculo financiero para hacerlo. Las deudas comienzan a pasar factura y por cuenta de ello varios aspirantes comienzan a desmontar sus candidaturas. De manera que la negociación de los nuevos “acuerdos político-electorales” que empezarán a darse en las próximas semanas, deberán incluir, por supuesto, las deudas de la campaña que se desmonta, así como un ministerio, o un buen “instituto descentralizado” para el candidato que se baje del bus presidencial.
Otro hecho determinante para el desmonte de algunas candidaturas presidenciales tiene que ver con las expectativas económicas por reposición de votos. No llegar a superar el umbral -el 4 por ciento del total de la votación- no solo impediría al candidato obtener recursos por el número de votos obtenidos, sino que lo expondría a una millonaria multa. En plata blanca, para superar el umbral en las elecciones de marzo el candidato -o candidata- debería sacar la no despreciable cifra de 900.000 votos. ¿Cuántos de los actuales aspirantes podría superarla? Muy pocos, en realidad.
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Así las cosas, después de Semana Santa serían varios los aspirantes que tomarían la decisión de declinar su candidatura presidencial. Varios de ellos no quieren vivir otra “semana de pasión”, cargando sobre sus hombros la cruz de una campaña fallida.
¿Qué les espera a los candidatos presidenciales en esta nueva “semana de pasión” que comienza hoy? ¿Tiene sentido mantener candidaturas presidenciales fallidas? Veamos:
Juan Fernando Cristo y Clara López con Cepeda, ¿cuál es la noticia?
La lista de 14 aspirantes presidenciales es demasiado extensa. Ello indicaría -entre otras cosas- que llegar a la Casa de Nariño no sería tan mal negocio. De esos 14 aspirantes la mayoría no son candidatos, sino “candidotes”, como diría el ex presidente Alfonso López Michelsen. El riesgo de ser “candidota” y no “candidata” sería una de las razones que llevó a la sobrina del ex presidente liberal -Clara López Obregón- a desmontar su aspiración. El anuncio lo haría mañana en Bogotá. Una candidata de izquierda tradicional no le caería mal a un candidato como Cepeda, señalado por sectores influyentes del Pacto Histórico de ser demasiado dogmático y radical, lo que le estaría cerrando puertas a sectores de “centro-izquierda”. Igual sucedió con la llegada del ex ministro Juan Fernando Cristo a las filas del candidato continuista. Ninguno de los dos refuerzos de la campaña de Cepeda -ni Cristo, ni López- causaron sorpresa. La sorpresa sería que no llegaran a las huestes del candidato gobiernista. ¿Suman votos? No tantos como ellos creen, pero si sirven para lavarle la cara de un candidato poco incluyente y poco amigo de alianzas electorales.
La pregunta del Pacto Histórico: ¿Qué hacemos con Roy Barreras?
Después de fracasar de forma estruendosa en la consulta interpartidista de marzo -aunque la ganó con algo más de 250.000 votos- Roy Barreras, como en el célebre paseo del maestro Escalona, está “buscando un árbol para hacer su nido”. Esto es: está buscando una campaña presidencial con posibilidades reales de éxito que lo reciba -después de la primera vuelta- de forma decorosa. Y no son muchas. En realidad es solo una: la de Cepeda en el Pacto Histórico. Ni Paloma, ni Abelardo lo reciben. Al ser ganador de una consulta interpartidista, Roy está obligado a participar en la primera vuelta. Se da por descontado que se sumará en segunda vuelta a la campaña de Cepeda, aunque guarde un profundo resentimiento con el mismísimo Petro, quien en marzo pasado ordenó no votar por ninguna de las consultas. Roy recibió esa declaración de Petro como un “portazo” a su candidatura y como una traición hacia alguien que fue determinante -como Benedetti- para el triunfo de Petro en el 2022. La verdadera preocupación de Roy en las elecciones del 31 de mayo es no superar el umbral. Ahí si: apague y vámonos, porque hasta Cepeda lo recibiría por la puerta de atrás y con muy mala cara. Para no hablar de las deudas que tendría que cubrir.
Claudia López, descartado Cepeda, ¿estará al lado de Paloma en segunda vuelta?
A diferencia de Roy Barreras -que anda buscando árbol para hacer su nido- la ex alcaldesa de Bogotá, Claudia López, sigue siendo atractiva para las campañas favoritas en las encuestas. Con muy poco margen de triunfo, López empezó a tantear el terreno electoral, inclusive antes de la primera vuelta presidencial. Por los lados del Pacto Histórico, con Cepeda tiene pésimas relaciones y con Petro la distancia es cada día más grande. De hecho, López declaró recientemente que -en caso de no pasar a segunda vuelta- “no votaré por Cepeda”. Aunque sus diferencias con el uribismo son públicas y ásperas, con Juan Daniel Oviedo -fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia- mantiene relaciones cordiales y de mutuo respeto. La propia Paloma declaró hace poco que siente “el mayor respeto por Claudia”, aunque afirmó que “de momento” no hay conversaciones con ella. Con Abelardo tampoco existe la menor posibilidad de acercamiento. Lo que sí es cierto es que el papel de López -y en especial de Bogotá- en la segunda vuelta presidencial será determinante. Tenerla de su lado sería fundamental para cualquier candidato que pase a segunda vuelta, pues tendría consigo un sector influyente del “centro-electoral”, así como una buena cantidad de votos en Bogotá.
Sergio Fajardo, ¿con Paloma en segunda vuelta o de nuevo a ver ballenas?
La irrupción con mucha fuerza de Juan Daniel Oviedo en la pasada consulta interpartidista de la “Gran consulta por Colombia”, donde obtuvo 1.500.000 votos, ocupando el segundo lugar después de Paloma Valencia, dejó con muy poco margen de juego electoral a Sergio Fajardo. El ex alcalde de Medellín había decidido no dejarse contar en las consultas, como se lo propuso Claudia López, creyendo que podía llegar sólido a la primera vuelta presidencial. Las encuestas muestran que fue una mala decisión, puesto que Oviedo se quedó con buena parte de los votos del centro, que siempre habían estado con Fajardo. Además, se apropió del discurso efectivo y eficaz de “buscar acuerdos en medio de las diferencias”, que ha sido el secreto de su fórmula con Paloma. “No tenemos que pensar de la misma manera para lograr consensos, que sirvan a la mayoría”, es una de las frases con las que Oviedo explica su alianza con Paloma. Al igual que López, el ex alcalde de Medellín también iría hasta la primera vuelta, con el riesgo de no superar el umbral, lo que sería una debacle no solo en términos electorales, sino económicos. El problema es que su respaldo para una segunda vuelta estaría muy devaluado. Lo que -sin duda- tendría muy mal recibo por parte de sus electores es que Fajardo -en medio del enorme riesgo democrático que vive el país- decida una vez más irse a ver ballenas en una segunda vuelta presidencial. Punto.
@leydelmontes


