El Heraldo
Colombia

Los dos Jesús Santrich

Archivo EL HERALDO"En Noruega, en la instalación de la segunda fase de los diálogos de paz estuvieron Jesús Santrich (Seuxis Paucias Hernández Solarte) e Iván Márquez (Luciano Marín Arango).s:3:

(Parte del trabajo 'El paso de 2 jefes de Farc por Barranquilla': vea la otra parte aquí).

El verdadero Jesús Santrich –no el guerrillero que con desparpajo le dijo el pasado 18 de octubre al negociador del Gobierno, Humberto De la Calle, “tranquilo Bobby, con calma” en referencia a las observaciones que este hizo al polémico discurso de Iván Márquez– era un joven artista que se ganaba la vida haciendo afiches para el Partido Comunista Colombiano y su ala más entusiasta y revoltosa: la Juventud Comunista, Juco, a la cual pertenecía desde el bachillerato en el colegio Carlos Meisel en Barranquilla.

Como egresado del programa de Biología y Química de la Universidad del Atlántico nunca ejerció su profesión. Por el contrario, se dedicó de lleno a la bohemia (dibujo, ron, música, poesía y mujeres), mezclada con una activa militancia en la izquierda donde llegó a ser un carismático líder entre sus compañeros. Santrich, el verdadero, vivió en el populoso barrio San Felipe junto a una tía anciana a quien ayudaba económicamente con su arte. Su madre trabajaba en Caracas como empleada de servicio doméstico.

Relajado, pacífico, amable, ‘mamador de gallo’ y amante de la salsa, tanto así que era parroquiano del estadero La Troja cuando esta quedaba frente al parque Suri Salcedo, así lo recuerdan sus amigos. Santrich, en medio de su fervor revolucionario, pertenecía a esa especie barranquillera en vía de extinción conocida como la ‘bacanería’.

LA MUERTE LLEGÓ UNA NOCHE. A la medianoche del 17 de noviembre de 1990, según registros de prensa, tres agentes del DAS habían sido expulsados de un establecimiento nocturno porque uno de ellos, en su borrachera, agredió a una persona con la cacha de su revólver.

Con ganas de seguir de farra, los tres bravucones, al mejor estilo del lejano oeste, ingresaron al restaurante-bar El Decanito, ubicado en la calle 50 con carrera 41, frente a la antigua sede de la Universidad del Atlántico.

Dos versiones se tejieron en torno a la presencia de estos personajes en el sitio. La primera, que un estudiante que se encontraba con Santrich y otros militantes del Partido Comunista tropezó a uno de los detectives, quien entró en cólera e inició una gresca.

Segundos después reinó el pánico: uno de los agentes desenfundó su arma y comenzó a disparar a diestra y siniestra. Despavoridos, los clientes se refugiaron dentro del lugar. Santrich, en cambio, corrió hacia la calle pero sólo pudo llegar hasta el andén donde cayó muerto.

La otra versión fue que los agentes dispararon contra los miembros de la Juco. Santrich, de acuerdo a los mismos registros de prensa, recibió dos balazos, calibre 38, en su frente y su boca.

Teniendo como telón de fondo el ambiente de terror e intimidación que vivía la izquierda en aquella época y tomando como evidencia el exterminio, que aún no terminaba, de militantes de la Unión Patriótica, UP, la muerte de Jesús Santrich fue asociada por sus compañeros a un crimen de Estado.

A su entierro asistieron cientos de personas, entre estudiantes y simpatizantes de las distintas corrientes de izquierda. Sus restos fueron llevados al Cementerio Universal.

Un año después del crimen la Procuraduría pidió la destitución del detective que accionó el arma, y tiempo después este fue condenado por el homicidio del joven comunista.


Registro de prensa del asesinato de Jesús Santrich.

A LAS FILAS DE LAS FARC. Tras el repudiable ataque, se conoció que, al parecer, el estudiante Seuxis Paucias Hernández Solarte, universitario sucreño también militante del Partido Comunista desde la época del bachillerato en su tierra natal, era uno de los acompañantes de Santrich en la rumba de El Decanito y escapó milagrosamente a la balacera al esconderse en el local.

Tiempo después, en medio de la persecución a activistas de la UP, Hernández, graduado de las facultades de Derecho y Ciencias Sociales de Uniatlántico, decidió irse para las filas de las Farc, luego de un corto posgrado en Historia en la Universidad Nacional.

Uno de sus profesores, que prefirió el anonimato, lo recuerda como “un buen estudiante, líder y bastante analítico en las intervenciones de ciencias sociales”. Cree que Seuxis Paucias Hernández asumió en la guerrilla el nombre de Jesús Santrich “en honor a quien fue su buen amigo”. Además de su afinidad ideológica, eran amantes de la salsa, la poesía, tomadores de ron Tres Esquinas y carnavaleros.

La última vez que sus padres, José María Hernández y Aura Fabiola Solarte, dos profesores de filosofía pensionados, lo vieron fue hace 20 años. Llegó a casa un día después de la muerte de su abuela materna. “Lo vi un poco extraño y hablaba muy poco, por lo que le pregunté dónde estaba. Sólo me dijo que no me podía decir y que si se quedaba en la casa lo mataban”, contó hace poco su mamá.

Hoy, el nuevo ‘Jesús Santrich’, con su pelo canoso y una ceguera prematura que lo obliga a andar acompañado por un lazarillo, forma parte del grupo de negociadores de las Farc que mañana, en La Habana, Cuba, inicia la segunda etapa de los diálogos con el Gobierno en busca de abrirle paso a la anhelada paz nacional.

Por Samuel A. Losada Iriarte
@elgadfly

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