
Dos paros nacionales, el de campesinos en el Catatumbo, desde hace 41 días, y el de mineros en el noroccidente del país desde esta semana, hacen que la atención nacional se fije en sus necesidades, ponen en jaque al Gobierno y bloquean vías, comercios, comunicaciones y, en general, bloquean el habitual discurrir de estas regiones, produciendo una repentina sensación, en suma, de un gran caos en el país.
El gobierno Santos le echó la culpa de los dos paros, y del cafetero, agrario y de camioneros que se vislumbra para el próximo 19 de agosto, 'a los intereses de los politiqueros', pues señaló, entre otros, de manera indirecta al senador del Polo, Jorge Robledo, de instigar los paros, a través de su relación con el dirigente caldense Óscar Gutiérrez, quienes apoyan tanto el paro cafetero como el minero, con 'financiamiento de los agitadores y (…) actos violentos'. Robledo, enseguida, respondió que 'Santos está furioso por la oposición que estoy haciendo' y explicó que 'respaldo públicamente la lucha de estos sectores en paro'.
En cambio, el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, le dijo a EL HERALDO que 'la afectación de los paros en la economía colombiana no hay que verla como un todo. Hay que buscar para cada problema su solución (…), y también hay que saber distinguir entre una protesta legítima que hace parte del sistema democrático y los pequeños intereses de la politiquería y de la violencia. En algunos casos de ambas, de gente que se quiere hacer elegir o quiere ejercer violencia por cuenta de las necesidades del otro'.
Efectos en la gobernabilidad. A su vez, la presidenta del Polo, Clara López, indicó a este diario: 'creo que está haciendo aguas el modo de este Gobierno de tratar los temas sociales en el país, y no cae en cuenta de la mala orientación de la política económica de los TLC unida a la ‘locomotora’ minera'.
Por su parte, el exministro de Hacienda y precandidato presidencial del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, al ser consultado por este periódico, señaló que 'la situación es muy grave, el país se ha deteriorado en su gobernabilidad, perdió su norte, el presidente ha actuado de manera tardía en la mayoría de los casos'.
Para Édgar Gutiérrez, experto en economía y políticas públicas del Politécnico Grancolombiano, 'frente a estos paros, dos puntos de vista: uno es la necesidad de hacer intervención en los sectores agrícola y minero porque el Gobierno los ha descuidado (…), pero también muchos de esos paros se están generando, cogestando para torpedear el proceso de paz, (…) y de una u otra forma se están empezando a politiquear. Porque a pesar de que hay falencias en el campo y en lo minero, el Gobierno sí ha invertido mucha plata y ha hecho esfuerzos para mejorar las políticas. (…) Y creo que se lleva mal la información a los campesinos y, al quebrar la comunicación, no hay forma de que los afectados se sienten a negociar con el Gobierno, que tiene la disposición y los recursos, pero el tema político se está volviendo determinante cuando estamos cerca de las elecciones de Congreso y presidenciales'.
El Catatumbo. Santos, en un pronunciamiento el viernes sobre el paro catatumbero, que hasta el momento deja cuatro personas muertas -al parecer a manos de la fuerza pública- y decenas de heridos, aseveró que un informe de inteligencia reveló que si el Esmad interviene en el Catatumbo, será blanco de una respuesta violenta: 'allá están esperando que la fuerza pública intervenga para generar mucha más violencia' y denunció que 'hay un organizador de la marcha con vínculos con las Farc, y específicamente es alias el Paisa, el comandante de la compañía 29 de Mayo del Frente 33 de las Farc'.
Zona de reserva campesina. De otro lado, el líder de la protesta, César Jerez, señalado de aparecer en los computadores de Alfonso Cano, Raúl Reyes y el Mono Jojoy, le dijo esta semana al diario La Opinión que con esas acusaciones 'buscan deslegitimar a los voceros de la movilización' y aseguró que 'lo que va a ver acá son familias campesinas empobrecidas en condiciones miserables de vida (…). Todo lo demás son cortinas de humo para deslegitimar esta protesta y justificar el uso de la fuerza'.
Frente a la principal solicitud que hacen los manifestantes catatumberos, de una Zona de Reserva Campesina, ZRC, Jerez comentó: 'el Gobierno debe cumplir el artículo 81 de la Ley 160 y el decreto 1770 de 1996 y constituir la ZRC (…),
infortunadamente hay un veto ilegal del Ministerio de Defensa (…) que le imprime asuntos de seguridad nacional' y advirtió que 'aquí hay intereses que son políticos y militares, pero también hay unos intereses económicos que son muy fuertes. Quieren convertir el Catatumbo en una enorme mina de explotación de carbón a cielo abierto'.
Al contrario, el exministro Zuluaga indicó: 'lo del Catatumbo es un desastre y lo que hay es un déficit de autoridad. Estuve en Tibú y me decían los ciudadanos: estamos secuestrados, nadie nos garantiza el derecho al trabajo, a la alimentación, a la movilidad' y consideró que 'una ZRC es inaceptable, quien está detrás son las Farc (…), eso es fraccionar la unidad del territorio nacional.El propósito de esas zonas es crear autonomía política, administrativa, económica, para que no llegue la autoridad y por eso son repúblicas independientes, y lo del Catatumbo además es muy delicado porque es una zona que limita con Venezuela'.
Por su lado, la exalcaldesa López señaló: 'los campesinos han llenado todos los requisitos ante el Incoder para que les sea dada una ZRC (…). La protesta campesina es precisamente para que no llegue la locomotora minera y les quite la posibilidad de seguir siendo una comunidad agrícola, y de otro lado la falta de alternativas a los cultivos ilícitos está dejando a estas personas sin qué comer' y dijo que 'cada vez que ha habido una protesta con una buena organización, salen con la cantaleta de que se trata de algo promovido por fuerzas oscuras, cualquiera que ellas sean, han dicho que las Farc, el ELN, e incluso nos han echado la culpa al Polo: la culpa es de la desidia oficial. En vez de mirar los problemas de fondo, se les descalifica y después proceden a la represión. Es una fórmula que lo que hace es profundizar el descontento'.
Otros efectos. El presidente ejecutivo de Fedepalma, Jens Mesa, ha señalado que 'como resultado del bloqueo, actualmente se presenta una verdadera emergencia humanitaria y social, evidenciada en la restricción al derecho a la libre movilidad de los ciudadanos, las limitaciones para que las personas enfermas puedan acceder a los servicios de salud, la falta de alimentos, combustibles, medicinas y otros elementos básicos de primera necesidad' y propuso 'disponer de los recursos del presupuesto nacional que permitan proveer de víveres y otros bienes de primera necesidad a los grupos sociales más vulnerables y mitigar, en parte, los daños ocasionados' y, para una vez superada la coyuntura, 'movilizar el conjunto de la institucionalidad pública a escala nacional y territorial y poner en marcha un ambicioso programa de inversiones públicas en la zona, que corrija el grave rezago en la provisión de bienes y servicios públicos'.
Así mismo, advirtió que 'tampoco podemos soslayar el hecho que los proyectos productivos de la palma de aceite se han desarrollado bajo la amenaza y actos de sabotaje perpetrados por las organizaciones armadas al margen de la ley que tienen presencia en la región, para quienes el éxito de su proyecto subversivo, soportado en buena medida en los cultivos ilícitos, depende del fracaso de las actividades agropecuarias legales'.
A su vez, el presidente de Fedegán, el samario José Félix Lafaurie, afirmó que 'los ganaderos también se están viendo afectados. Solamente en la zona rural de Tibú hay cerca de 50.000 cabezas de ganado. Un centro de acopio de leche en la vereda La Llana ya perdió más de 10.000 litros de leche que no se pudieron transportar, y se reporta una disminución alarmante en el acopio de leche. Las vacas no se pueden dejar de ordeñar, pero si no se puede recoger la leche por el bloqueo, el ganadero deja de recibir ingresos y, como siempre, los más afectados son los pequeños, cuyo salario mínimo es la quincena lechera'.
Por Tomás Betín del Río




















