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El 17 de abril a la República Democrática del Congo (RDC) arribó un vuelo con un grupo de 15 latinoamericanos desde Estados Unidos expulsados hasta aquella remota nación como un “mecanismo de acogida temporal de nacionales de terceros países” entre los cuales hay al menos dos colombianos que solo desean una cosa: regresar a su país.

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Carlos Rodelo es uno de ellos y se fue a probar suerte en los Estados Unidos luego de haber sido víctima de extorsión en repetidas ocasiones en su natal Barranquilla. Entró por México pidiendo un asilo, sin embargo, la justicia de ese país solo le brindó la protección CAT que, en caso de deportación, permite reubicar al migrante en un tercer país que sea considerado seguro.

Pero sus planes no iban como planeaba, en agosto de 2025 cayó en una de las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y fue detenido.

“Me retuvieron varias horas en una celda en el aeropuerto de Alexandria en un cuarto pequeño. Estaba con grilletes y sin comer nada. En un momento entran 10 agentes del ICE y me dicen: ”Go" (vamos). Les explico que no puedo volver a Colombia, y me responden que yo iba para Congo y que no les hiciera perder su tiempo”, declaró en entrevista con el diario El País desde el complejo hotelero en Kinshasa.

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Pronto viviría su peor pesadilla, ser enviado a un país completamente desconocido bajo condiciones de “esclavo”, como describió este colombiano de 43 años al medio en mención: “No creía lo que estaba pasando. Mi cabeza seguía enredada y le pedía a Dios que me diera fortaleza. Me daba mucha impotencia porque íbamos amarrados. Nos dieron una bolsita con un sándwich y un agua. No podíamos levantar la cabeza. Nos trataban como esclavos. Es algo que no le deseo a nadie”.

Los migrantes fueron transportados por la aerolínea Omni Air International, que aterrizó en el aeropuerto de Ndjili, en Kinsasa, a las 02:00 hora local procedente de Luisiana (EE. UU.), tras realizar escalas técnicas en Senegal y Ghana.

Con el barranquillero también viajaban otros connacionales, como Jorge Cubillos que llegó al país norteamericano hace casi una década huyendo de las amenazas de grupos armados ilegales que operan en la frontera sur de Colombia donde desempeñaba su labor como camionero.

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En 2018, año en el que pisó suelo estadounidense, solicitó asilo, sin embargo, por vencimiento de términos la corte que llevaba su caso se limitó a otorgarle el Withholding of Removal (Retención de Remoción), una protección legal en EE. UU. otorgada cuando el regreso al país de origen representa una amenaza seria para la vida del migrante.

Esto quería decir que se negaba la deportación al país de origen (Colombia), pero no a otro país que estuviera en disposición de recibirlo como la República Democrática del Congo que firmó con la Casa Blanca un acuerdo para mantener a los migrantes de manera “estrictamente transitoria, temporal y limitada en el tiempo”. como explicó el Ministerio de Comunicación y Medios de la nación africana mediante un comunicado. “No constituye ni un mecanismo de instalación duradera en el territorio nacional, ni una reubicación permanente”, añadieron.

Por su parte, el abogado y director ejecutivo del Instituto de Investigación en Derechos Humanos (IRDH), Maître Tshiswaka Masoka Hubert, confirmó a EFE que los deportados son de origen latinoamericano y fueron trasladados a un complejo hotelero cercano al aeropuerto bajo la vigilancia de la Policía Nacional Congoleña.

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Pese a las afirmaciones del gobierno, Masoka Hubert afirmó que hasta el momento, “no hay un plan puesto en funcionamiento para que sean devueltos a sus países de origen”.

Mientras surten los trámites legales estos dos colombianos, lejos de sus familias, de su casa, de su rutina y del paisaje al que estaban acostumbrados, solo quieren una cosa: regresar sanos y salvos a Colombia.