Como de película. Así es el caso de una mujer en Italia que recibió un tratamiento de quimioterapia durante cuatro años por un cáncer que nunca tuvo. Ahora existe una demanda contra el hospital donde la diagnosticaron y la trataron.
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La historia comenzó cuando la mujer de 47 años acudió al Hospital de Volterra para una intervención ortopédica de rutina. Los análisis previos detectaron una anomalía en su recuento de glóbulos blancos, por lo que tuvieron que aplazar su procedimiento, a la espera de los resultados, que fueron enviados al Hospital Universitario de Pisa.
Luego de varias biopsias de médula ósea e intestinal, los médicos diagnosticaron un linfoma no Hodgkin de tipo MALT, un cáncer de crecimiento lento, localizado principalmente en el intestino. Por eso, la mujer decidió hacerle caso a los médicos y comenzar un tratamiento que incluyó un ciclo de quimioterapia, corticoides y esteroides.
El tratamiento, conocido por ser uno de los más fuertes en la medicina, puso a la mujer a luchar contra efectos físicos y psicológicos de terapias extremadamente agresivas. La quimioterapia le provocó cansancio crónico, malestar constante y limitaciones físicas. Los corticoides y esteroides añadieron complicaciones adicionales, y su vida cotidiana comenzó a desmoronarse.
Por estos problemas de salud, la mujer tuvo que reducir su actividad profesional e incluso perdió temporalmente su licencia para conducir.
Su historia cambió cuando después de casi cuatro años decidió buscar una segunda opinión en un hospital de Génova. Le hicieron varias pruebas y biopsias y el diagnóstico reveló que no había cáncer. Es decir, durante años fue tratada por una enfermedad que no tuvo.
En un principio, la mujer quiso que el hospital encargado respondiera por su propia cuenta por lo hecho, pero al no recibir respuesta, llevó todo ante la justicia.
El Hospital Universitario de Pisa defendió su actuación, alegando que el cuadro clínico era complejo y que, según la información disponible, los tratamientos aplicados eran los adecuados.
Sin embargo, estudios hechos por la justicia italiana desmontaron la afirmación del hospital.
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El informe concluyó que no existían pruebas que avalaran el diagnóstico ni justificaran la administración de terapias agresivas durante cuatro años. Los síntomas de la paciente no eran compatibles con un linfoma de Hodgkin, y los tratamientos recibidos fueron innecesarios y perjudiciales.
El caso terminó con un fallo histórico por parte de la Corte de Apelación de Florencia Reconoció un 60% de invalidez permanente, superior al 40% fijado en primera instancia, y elevó la indemnización a más de 470.000 euros (antes de 295.000 euros).
El tribunal sentenció que no solo hubo daño físico y emocional, sino también el perjuicio laboral y funcional que sufrió la mujer, quien vio afectada su vida cotidiana y su desempeño profesional.
“Desde esta perspectiva, el incremento de la indemnización está ciertamente justificado por la extraordinaria angustia y sufrimiento que el diagnóstico de linfoma, en fase terminal, debió causar a la mujer, quien se encontró pasando un período significativo de su vida (cinco años) con el temor de morir a causa de una grave enfermedad”, recoge la sentencia, según medios italianos.





















