El denominado ‘Semillero del Carnaval de los Niños’ ha regresado y lo hace a lo grande, en el Fin de Semana de la Tradición 2026, evento que se extenderá hasta mañana en la Plaza de La Paz. Esto más que un simple ajuste a la agenda festiva, se convierte en una deuda saldada con los carnavaleritos, porque durante cinco años nuestra gran fiesta cultural tuvo una ausencia que dolía especialmente a las familias curramberas.
Hay una premisa simple… sin niños no hay futuro para el Carnaval de Barranquilla, es por ello que era necesario recuperar este espacio dedicado a las nuevas generaciones, donde niños y jóvenes muestran su proceso artístico y su compromiso con la salvaguarda de las manifestaciones tradicionales.
La decisión de recuperar este espacio, largamente reclamado por los danzantes, padres de familias y directores de grupos folclóricos, devuelve a la ciudad una certeza y es que “el relevo generacional se cultiva”. Así lo dejó claro el director de Carnaval de Barranquilla S.A.S., Juan José Jaramillo, al explicar a EL HERALDO por qué el semillero volvió a ocupar la Plaza de la Paz, este viernes y sábado, a partir de las 10:00 de la mañana. “Esto no podía dejarse de hacer”, afirmó.
Durante este lustro, el único escenario exclusivo para los niños fue su popular desfile, el cual resultaba tan poco ante todo el talento que tienen por mostrar los pequeñines. Antropológicamente, el Carnaval es visto más allá del colorido y jolgorio que provoca entre propios y foráneos, representa aprendizaje, identidad y especialmente transmisión de saberes, este último aspecto quizá es el más relevante porque de nuestros niños depende la continuidad de esta fiesta que ha sido declarada patrimonio oral e inmaterial de la humanidad por parte de la Unesco.
Tal y como lo afirma la investigadora cultural Mirtha Buelvas, “Carnaval no es solamente bailar. Es una manifestación en la que participan familiares, amigos, compadres, vecinos y niños que con su emoción e intensidad hacen un valioso aporte”.
Integrar a los niños al Fin de Semana de la Tradición es otorgarles visibilidad. No es mera casualidad que el regreso del semillero se realice en medio de uno de los eventos más destacados del precarnaval, el Fin de Semana de la Tradición, ese que otorga gran parte de la puntuación para alzarse con el anhelado Congo de Oro y en el que las danzas patrimoniales, principales comparsas y cumbiambas exponen lo mejor de sí tras meses de preparación.
Ayer el turno fue para el Festival de Danzas de Relación y Especiales. Hoy, una vez culmine el semillero, desde las 3:00 p. m., se iniciará la Fiesta de Comparsas. Mañana, a partir de las 10:00 de la mañana, la Fiesta de Danzas y Cumbias exaltará el patrimonio inmaterial que, generación tras generación, ha sostenido la esencia de esta festividad. Son más de 443 grupos los que se presentarán para darle vida a una agenda pública y variada.
Pero el mayor desafío está en el después. Jaramillo lo dijo con precisión: “Lo más clave de este espacio es que debe consolidarse”.
Es por ello que recuperar el Semillero no puede ser solo una acción afortunada, sino una estrategia sostenible. Preocuparse por los niños es invertir en la continuidad del Carnaval, en su calidad artística y en su sentido social. Es formar públicos, bailarines, músicos y líderes culturales.
El Carnaval de los Niños, que este año lideran Sharon Acosta Tobón y Joshua Ortiz Melendrez, viene marcando puntos altos; su show de bando y coronación el pasado fin de semana fue majestuoso, además se han sabido ganar el cariño del público con su carisma y espontaneidad. La hija del Checo con su baile anima al que sea, mientras que Joshua con su sonrisa le alegra el día a cualquiera.
En la agenda de los más pequeños queda aún el desfile que se cumplirá el próximo domingo 8 de febrero, cuando se apoderarán de la carrera 53. Sin embargo, este año su chispa brilla más que nunca con eventos como el ‘Semillero del Carnaval de los Niños’. Barranquilla ahora sabe que su carnaval no se hereda por decreto, sino que se aprende y se defiende. Por eso, este regreso es una buena noticia y una obligación renovada. Que no vuelva a desaparecer, necesitamos que el semillero eche raíces, porque cuando los niños también llenan la Plaza de la Paz, nuestra fiesta se fortalece y mira con certeza hacia el futuro.








