Barranquilla vuelve a hacer historia. La Conmebol confirmó este viernes que la capital del Atlántico será la sede de la gran final de la Copa Sudamericana 2026, un hito sin precedentes para Colombia y un reconocimiento categórico a la capacidad de una ciudad que, con un trabajo constante, articulado, entre sus distintos estamentos públicos y privados, se ha convertido en referente de organización, hospitalidad y visión deportiva. Por primera vez, en este nuevo formato de final única, nuestro país acogerá el partido definitivo de un torneo continental y será en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez, la casa que tantas alegrías le ha dado al fútbol nacional.

La decisión del ente rector del balompié sudamericano —adoptada de forma unánime— no es casualidad. Claro que no. Es la respuesta lógica al empeño de una ciudad que lleva años preparándose, mostrando liderazgo y confirmando que es capaz de albergar eventos de talla mundial. Barranquilla convenció y me atrevería a decir que enamoró a los directivos de la Conmebol con su idoneidad en materia logística, su experiencia e infraestructura y ese intangible irrepetible que tan bien nos define: una manera única de vivir el fútbol. Por eso, recibimos con satisfacción las palabras de Alejandro Domínguez, el presidente de esta confederación: “El continente también le tiene cariño a esta ciudad que vibra con cada gol”.

Esta honrosa designación corona el proyecto de modernización del estadio Metropolitano, estimada en $180 mil millones. El querido ‘Coloso de la Ciudadela’ está a punto de iniciar su transformación para aumentar el aforo hasta los 60 mil espectadores, estrenar fachada bioclimática de estándar internacional, ampliar sus espacios y renovar el gramado con una tecnología híbrida. Ningún detalle, de acuerdo con el proyecto a adjudicarse en diciembre, quedará por fuera. De manera que esta importante inversión, soportada en recursos de los barranquilleros, pondrá a nuestra ciudad a la altura de las capitales deportivas del mundo.

No cabe duda de que la final de la Sudamericana será una vitrina sin igual para Barranquilla. Miles de visitantes, más de 60 mil calcula el alcalde Alejandro Char, arribarán a la ciudad. Y la Puerta de Oro de Colombia los recibirá con los brazos abiertos, con los estándares de primer nivel que exige un evento continental. Su sólida oferta hotelera, sitios turísticos como el Gran Malecón, el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín y Puerto Mocho, entre otros, su variada gastronomía, espacios de ocio nocturno y agenda cultural hacen parte ya de un portafolio de atractivos que nos posicionan como un destino preferente en toda la región.

En consecuencia, lo que se ha puesto en marcha es mucho más que el partido de una final. Esos miles de hinchas que vendrán pueden generar 60 millones de dólares en ingresos directos y movilizar incontables empleos en hotelería, transporte, comercio y servicios. Por tanto, es posible afirmar que este será un punto de inflexión para la economía y proyección internacional de Barranquilla. No se puede desaprovechar ninguna oportunidad para brillar, para que la Arenosa demuestre su madurez como un destino internacional ya consolidado.

Preocupa el de siempre, el aeropuerto Ernesto Cortissoz. Es clave que, con la misma rigurosa planificación con la que la Alcaldía gestionó durante once meses esta iniciativa hasta hacerla una ilusionante realidad, se ocupe de atender los retos o compromisos que esta designación trae consigo. Es tiempo de celebrar, sin duda, pero también de ponerse manos a la obra.

Sintámonos orgullosos porque en el 2026, el continente mirará hacia el Caribe. Y Barranquilla, con su alegría y energía inagotable, capacidad organizativa y genuina pasión, demostrará por qué fue la elección correcta. Esta final, lo sabemos bien, no solo se disputará en el renovado ‘Metro’, se jugará en el corazón de cada barranquillero arrebatao que sabe abrir las puertas de sus afectos al mundo. Gózalo, Curramba, en carrera larga siempre hay desquite y, si los Panamericanos quedaron atrás, ahora tenemos otra oportunidad para volver a creer.