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La vieja Olga, la mamá del exfutbolista barranquillero Orlando El Gordo Herrera, por poco se tira el traspaso de su hijo del Francia al Scotland, equipo en el que jugar era un lujo y que era propiedad de Pacífico Simán, un legendario dirigente del fútbol aficionado del Atlántico.

La mamá de Herrera trabajaba como modista en la empresa de confecciones de la familia Simán, en la cual pegaba los cuellos a las camisas. Cuando el Scotland decidió comprar a su hijo por 5 mil pesos, Pacífico le dijo que quería conocer a doña Olga. Casi se va de bruces cuando se dio cuenta de que la progenitora de ese jugador que tanto quería tener en su equipo era la misma que lo había embargado porque no le quería pagar una plata.

Pacífico por poco echa para atrás el negocio, pero todo eso fue un motivo para cogerle aprecio a ese muchachito de 16 años, que se convirtió en su pechichón por ser el más joven del equipo. Tanto así que Simán le enviaba después a doña Olga retazos de tela para que desarrollara su trabajo.

Pacífico había visto al Gordo Herrera jugando con el Francia en un preliminar entre el Scotland y el River y le llamó la atención. Le mandó razón con Álvaro El Gato Camacho, quien le preguntó si quería jugar en el Scotland. La respuesta positiva fue inmediata.

El Scotland significó para Herrera un salto vertiginoso en su carrera. Primero fue convocado a la selección Atlántico juvenil y en un juego contra Magdalena lo vio Antonio Julio De la Hoz, técnico de la selección juvenil de Colombia, quien lo convocó para el Sudamericano de Chile donde quedaron subcampeones. Luego de esa presentación, el Tolima se interesó en él y terminó comprándolo al Scotland por 25 mil pesos. 'Mi mamá tuvo que corretear otra vez a Simán para que me pagara el porcentaje', recuerda Herrera entre risas.

Su debut como profesional en el Tolima también lo tomó de sorpresa. Estaba en el hotel y de repente lo llamó el técnico Tano Veliz para informarle que iba a jugar porque se había lesionado el Marrano Comas, lateral izquierdo barranquillero. Herrera nunca había jugado en esa posición, siempre había sido central, pero desde ese día nunca más lo movieron de allí. 'Le ganamos 4-0 al Bucaramanga y fui la figura de la cancha', recuerda.

Su mejor época. Aunque reconoce que su paso de tres años por el Tolima fue exitoso, Orlando Herrera afirma que su mejor época fue en el América de Cali, con el que jugó 11 temporadas, de 1966 a 1977. Al equipo escarlata lo recomendó un mediocampista argentino de nombre Guillermo Reinoso, quien al saber que el técnico Ángel Perucca necesitaba un lateral izquierdo le dijo: ‘yo lo tengo’. Ese era el Gordo Herrera, quien fue comprado por 50 mil pesos por el América, que le encimó dos jugadores: Tarrino Bueno y Maca Caicedo.

Fotos archivo EL HERALDO
América de Cali. Arriba: Carlos Riascos, Orlando Herrera, Guillermo Reinoso, Alberto Rojas,
Reinaldo Volken y Luis Tremonti. Abajo: Gilberto Cuero, Carlos Hernández, Julio Sanlorenzo, Dardo Migone y Carlos Wilson.

Herrera había viajado a Cali un jueves y el domingo siguiente, en Ibagué, el Tolima recibía al América. En el equipo escarlata querían que se quedara enseguida, pero él pidió jugar el domingo con el Tolima para despedirse de su hinchada, deseo que le fue concedido. 'Ganamos 3-2 y Perucca pedía que marcaran a ese chiquitico y que le dieran patadas, hasta que el gerente —Álvaro Guerrero— le dijo que ese jugador ya pertenecía al América. ‘Ah sí, ese es Orlando Herrera’, dijo Perucca (risas)'.

Del América salió porque tuvo problemas con el técnico Vilic Simo, quien a su llegada dijo que si él y Jorge La Fiera Cáceres no se cortaban la barba y el cabello, los sacaba. La respuesta del Gordo fue tajante: 'Pues nos vas a tener que echar porque yo no voy a cortarme la barba'. Como para que no quedaran dudas de su carácter.

Con Vilic Simo, por poco se va a las manos luego de un clásico contra el Cali. 'A los 10 minutos ya perdíamos 4-0 y cuando se acabó el primer tiempo me le acerqué y le dije que se estaba equivocando y le hice una sugerencia. Me respondió: ‘yo soy el que manda aquí’. Cuando entramos para el segundo tiempo reuní a los jugadores y les dije: ‘juguemos a lo que sabemos’ y así pusimos el partido 4-3 y faltando pocos minutos William Ospina botó un penalti que nos hubiera dado el empate. En el camerino discutí con Vilic Simo y casi nos damos trompadas'.

Después de este incidente arregló su regreso al Tolima. Sin embargo, apenas duró un año y tres meses. Se retiró y decidió volver a Barranquilla.

Lamenta no haber podido jugar en el Junior y dice que la única posibilidad que tuvo fue en 1970, cuando el presidente era Imre Danko. 'Yo le pedí una casa y me dijeron que no, así que me quedé en Cali'.

Dice que hubiese sido maravilloso tener de su lado a todos esos hinchas que cuando él venía acá a jugar con los equipos del interior lo agitaban y le gritaban vendido, regalado y cachaco.

Su fuerte. Pese a su 1.68 de estatura, el fuerte del Gordo Herrera era el juego aéreo. 'En vez de cabecear, hacía chalacas de frente o de lado. Lo mío era algo natural, un don que Dios me dio. Nadie me enseñó a hacer chilenas, a patear una bola, a cabecear'.

También era un jugador recio, a quien no le costaba nada hacerse respetar de los rivales. 'Yo no era una santa paloma, porque pegaba bastante'.

No olvida los bailes que le daban Piris Quiñones y Willington Ortiz, a quien considera un fuera de serie. 'Othon Dacunha me ganaba en Barranquilla, lo reconozco, pero iba a Cali y no pasaba nada. A veces no iba, se lesionaba (risas)'.

Por su temperamento y su reciedumbre recibió muchas expulsiones en su carrera profesional, tanto que cuando el Tolima en una oportunidad lo liquidó sintió que le faltaba plata. Con su esposa de aquella época, que era contadora, empezó a sacar cuentas y comprobaron que algo hacía falta. Se dirigió a las oficinas del equipo pijao y le hizo el reclamo al secretario. 'Tibita (así le decían), aquí me hace falta plata', le dijo Herrera en tono enérgico. '¿Te acuerdas de las multicas que nos tocó pagarle a la Dimayor por tus expulsiones? Pues bueno, ahí está tu plata', fue la respuesta que le dio.

Herrera era un gran admirador de Miguel Escobar, aquel gran defensa central del Deportivo Cali, quien fue suplente suyo en la Selección Colombia. 'Tenía una calidad impresionante, yo decía que no podía ser que él fuera suplente mío. Cuando yo fui al América vivíamos en el mismo edificio y nos hicimos amigos'.

Noqueado por el Chato. 'Jugaban Cali y Tolima en el Pascual Guerrero. Nosotros ganábamos 1-0 y faltaban 4 minutos. El arquero nuestro era Óscar Fontán, un argentino. Hubo un fuera de lugar como de aquí a la catedral y no lo pitó. Yo fui a reclamarle de buenas maneras y Fontán iba delante de mí. Cuando este vio que el Chato Velásquez se armó para pegarle, se apartó y a mí, que venía atrás, me noqueó y me fracturó la mandíbula. Cuando reaparecí, ante el Medellín, el árbitro era el Chato, yo salí a la cancha y fui hasta el camerino y salí abrazado al campo con él'.

'Tenía condiciones para ser técnico profesional'. Desde hace 9 años, Orlando Herrera trabaja como entrenador de fútbol en el Colegio Parrish, con el que logró el título en los Juegos Nacionales de la SACS (Southern Association of Colleges and Schools), en 2011.

Fotos archivo EL HERALDO

También trabajó, durante 12 años, como coordinador de deportes de la Universidad Autónoma del Caribe y 11 como docente en el Colegio San José. 'Recuerda que cuando yo iba a entrar a trabajar al San José mi mamá me dijo que, por mi modo de ser, que era muy explosivo, no iba a durar un mes. Y mire, aquí estoy', afirma Herrera, quien actualmente tiene 70 años.

Considera que tenía madera para ser técnico de fútbol profesional y esas cualidades también las advirtió Jorge Finito Ruiz, entrenador suyo en el América y quien lo mandaba los lunes a ver a los jugadores de las inferiores. De allí llevó al equipo profesional a William Ospina y a Luis Eduardo Reyes, el famoso Hombre de Hierro.

'Finito Ruiz me mandaba material desde Argentina y me insistía para que hiciera el curso de técnico en Buenos Aires, que él me ofrecía en su casa. No le hice caso, fui un estúpido y ahora me está doliendo', reconoce.

Por Manuel Ortega Ponce
Twitter: @manuelortega3