Como un juego, comenzó a descubrir la vida, mientras caminaba y brincaba por las calles del Barrio Banfield (Buenos Aires), uno dos, uno dos. y se inventaba Rayuela. “Si por casualidad me fallaba el salto, sentía que algo andaba mal, que no había cumplido con ese ritual. Viví obsesionado por esa ceremonia, porque era una ceremonia”. Cortázar mezcló su vida y la que vio, en sus libros, que acabaron por parecerse a su vida, todo laberintico, todo impredecible, de ir de un lado para otro y dictar clases. Cuando todavía no era Cortázar En Chivilcoy, al sur de Buenos Aires, pasó a Mendoza, a hacerse cargo-de tres cátedras de literatura francesa, “al fin puedo enseñar lo que me gusta, escribió a sus amigos” Cortázar hablaba de la poesía francesa y su incidencia en las vanguardias del Siglo xx.

Cortázar, vivió en París desde 1951, y allí murió en 1984. Lo estamos recordando a 40 años de su desaparición.

Treinta años en Francia, no le disminuyeron su carácter de argentino, que cargaba su mate, escuchaba tangos en las reuniones con amigos y hablaba lunfardo.

Con el paso del tiempo, pronunció la erre, como un francés más. La literatura latinoamericana estaba pasando una época dorada. Julio Cortázar, logró dejar al mundo un legado que realizó las letras de su país, junto a Jorge Luis Borges. Dos maestros que revelaron otra-realidad, que nuestros ojos no veían o que nuestra imaginación, era incapaz de concebir.

En los innumerables cuentos de Cortázar, él desarrolla esta cuestión de la imaginación, ¿la cuestión de qué pasaría en ese otro lado de la realidad? Piensa en las puertas del cielo, siempre el aspecto fantástico que de repente irrumpe y se queda, entonces está siempre este elemento fantástico. En la novela, la búsqueda es más directa, es Oliveira buscando una nueva vida, buscar otra realidad, otra forma de entender, otra cosa. Dos búsquedas, que hay un juego, y si uno se come el cuento de lo que dicen los personajes de Cortázar, de búsquedas, de alteración de la realidad, de buscar distintos, termina viviendo en uno de sus cuentos, porque eso es la alteración de la realidad, como decía Patricia, entrando al Polydor, Café-frecuentado por nuestro amigo-y es lo que busca el autor, que pensemos distinto, que veamos distinto, el verdadero compromiso del autor, pensar distinto y ser capaz de ver la realidad, desde otra perspectiva. Conocimos a Julio Cortázar en Barcelona, hace muchísimos veranos, cuando coincidimos en la Galería Picasso que mostraba sus Meninas. y a Utè Munskiu, una rumana, que fue su esposa, en el Festival de Cine de Toulouse. Ella esperaba la proyección de un documental sobre Cortázar y yo esperaba la muestra de La Langosta Azul de Cepeda Samudio.