Hay imágenes de las que será muy difícil desprendernos. Es tan o más intensa que las anteriores películas de su director.
En entrevista reciente con el director de una cinemateca en Miami, este comentaba que para él, el hecho de que cierta imagen de una película quedase grabada en la memoria de un espectador por el resto de su vida justificaba la presentación de la misma, independientemente del resultado comercial.
Así sucede con Sicario; hay unas imágenes de las que será muy difícil desprendernos una vez que abandonamos la sala de cine. A pesar de que ya se ha dicho mucho sobre esta temática tanto en cine como en televisión, esta película cuenta no solo con imágenes indelebles, sino con un tono especial, pausado pero que crea permanente tensión, sensación que también persevera tiempo después.
Contrario a lo que sucede con otras audiencias, nosotros no requerimos definición del término que da título a esta nueva producción del conocido director canadiense Denis Villeneuve, a quien ya conocemos por Incendies (2010) y Prisoners (2013). Sicario es tan o más intensa que las anteriores, con la misma crudeza, el suspenso y la exposición de realidades que dan poco espacio para el escapismo y la diversión, pero sí para la incomodidad, la contrariedad y el análisis.
El mensaje ya lo conocemos. La guerra contra la droga es una guerra que está perdida antes de que se inicie, y mientras exista prohibición y demanda, el negocio continuará. ¿Hay algo nuevo que añadir? ¿Qué diferencia hace si es el FBI, la CIA o la DEA; si se está del lado del que hace justicia o de quien comete el crimen; no actúan acaso de la misma manera?
En Sicario hay una agente del FBI, Kate Macer (Emily Blunt) que cree en la justicia al igual que su socio Reggie (Daniel Kaluuya); ambos terminan involucrándose en una operación donde las agencias del orden se entrecruzan con el supuesto objetivo de detener un terrorista. Al mando del caso están Matt (Josh Brolin) y Alejandro (Benicio del Toro), dos personajes dudosos de los cuales Kate obtiene poca información.
El desarrollo de la historia y de los caracteres se va dando de una manera lenta y paralela, hasta el punto en que es poco lo que se descubre, mucho lo que se infiere y todo termina por cuestionarse, hasta los mismos principios de moral y justicia de los que Kate tanto se ha agarrado.
La acción tiene lugar cerca de la frontera entre Estados Unidos y México, y la película, cuyo guion estuvo a cargo de Taylor Sheridan, abre con una escena impactante de cuerpos en descomposición en un depósito donde se guarda la droga.
Mientras Brolin siempre ha representado papeles similares, Blunt toma un rol distinto a los que se le han conocido con anterioridad, y Benicio del Toro, con su gesticulación expresionista, va revelando lentamente una trágica imagen producto de las circunstancias, sembrando terror y duda a través de una tóxica mirada tan profunda como las indentaciones de su piel, difícil de olvidar aún después de darnos cuenta que se trata solo de una película.








