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Sí por la paz ambiental

Hasta ahora, la violencia y la guerra nos han dejado por herencia la destrucción de los bosques; la contaminación de los ríos, ciénagas y hasta de playas; la afectación de montañas, fauna y flora; la deforestación causada por diferentes razones, entre ellas la de los cultivos ilícitos y la activación de minas antipersona; la degradación de los suelos producida por la minería ilegal y por el voraz apetito de enriquecimiento rápido que satisfacen el oro, la esmeralda, la arena, la piedra y otro tipo de minerales.

Todo lo anterior ha logrado la destrucción de nuestros ecosistemas y un gran aporte al calentamiento global que, por sus efectos y consecuencias, no solo tiene un impacto sobre las zonas donde se ha desarrollado el conflicto, sino sobre todo el país, e incluso toda la humanidad.

Al ritmo que la guerra y la violencia nos impusieron cumplir con los denominados Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS), a los que se comprometió Colombia, se hacía inalcanzable y, por consiguiente, para citar solo dos de ellos, garantizar la disponibilidad de agua y saneamiento básico para todos, así como proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, y efectuar una ordenación sostenible de los bosques; luchar contra la desertificación; detener y revertir la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de diversidad biológica, eran unos imposibles.

La guerra y la violencia como producto del conflicto han hecho del medio ambiente una víctima olvidada, pero el acuerdo para el cese de la confrontación con las Farc ayudará a que esos objetivos no cumplidos sean una verdadera esperanza para las generaciones presentes y futuras, que podrán contar con unos recursos naturales que sean sosteniblemente utilizados.

No en vano, y tampoco casual, es que el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera en más de nueve oportunidades se ocupa del medio ambiente, a través de programas y compromisos para la recuperación de bosques, erradicación de cultivos ilícitos, conservación y prestación de servicios ambientales, así como del fortalecimiento de los diseños institucionales y la metodología para facilitar la participación ciudadana y asegurar su efectividad en la formulación de políticas públicas sobre medio ambiente.

Con ello damos un salto, no sobre los  charcos de agua en los que se han convertido algunos ríos como consecuencia de la guerra, sino en el desarrollo y fortalecimiento de un país que de seguro cambiará su vocación del fusil y la mina antipersona por el de la protección de los recursos naturales, en especial sobre los fundamentales que nos ayuden a cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible.

La firma de la terminación del conflicto y la aprobación del Acuerdo de manera mayoritaria por los colombianos, el próximo 2 de octubre, es una necesidad para el medio ambiente, entendiéndose a este como nuestro territorio biodiverso, rico en agua y recursos que nos ofrece la naturaleza, los cuales deben estar disponibles para el disfrute de la ciudadanía a pesar de los tiros y bombas que, por más de 50 años, le hemos lanzado y que nos han impedido, hasta ahora, protegerlos.

@clorduy

clorduym@gmail.com

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