Para tener un acercamiento al desarrollo integral del ser humano, un buen referente es la obra: 6 Rutas, 7 Víctorias del científico social Oscar Manco Espeleta, para quien, indistintamente del sexo, edad, estrato social, nivel educativo y estado civil, cada ser humano tiene derecho a su desarrollo integral.
Son seis las dimensiones del desarrollo integral del ser humano: emocional y afectiva; intelectual; física o biológica; económica; social y espiritual, la falta de solo una de ellas, impide el desarrollo armonioso del ser humano.
Sus estudios resientes registran una carencia de los ciudadanos colombianos de casi todas las esas dimensiones, siendo la mas relevante la falta de desarrollo de las emociones y afecto, seguida del aspecto económico y espiritual.
Es relevante destacar que el desarrollo integral del ser humano, léase de los colombianos, es responsabilidad del Estado Colombiano, como ente diseñador de la política pública.
Es decir, el Estado debe propender por facilitar las herramientas a través de políticas publicas para que desde los entes territoriales se materialice el derecho al desarrollo integral de los colombianos.
Esta teoría es tan importante porque el desarrollo humano también está ligado al interés de colaboración colectivo que subyace entre los seres humanos, como un medio para fortalecer su desarrollo con el apoyo de unos a otros. Ello tiene explicación en el aspecto sociológico y social del hombre, quien debe convivir en sociedad.
Para que haya un desarrollo humano integral el Estado debe garantizar la satisfacción de las necesidades familiares, académicas, de salud física e higiene mental, económicas y espirituales.
La exclusión, brecha entre ricos y pobres, y la falta de una política para el desarrollo humano integral, invitan al nuevo gobierno a emprender todo lo necesario en una política pública adecuada, diseñada desde las realidades nacionales.
La guerra, masacres, feminicidios, drogadicción, alcoholismo, tabaquismo, asesinatos, inseguridad y demás pecados capitales, son el resultado de una sociedad dividida fundada en antivalores, de hombres y mujeres sin opción, norte ni futuro cierto, con un nivel de desarrollo humano integral realmente deprimente.
A no dudarlo, una responsabilidad inexcusable por la situación del bajo nivel del desarrollo humano integral de los colombianos le corresponde, en primer lugar al Estado como lo he sostenido, también es vinculante con la familia, institución básica con profundas grietas que impiden la formación integral de niños y jóvenes, para que sean útiles a la sociedad.
En ese sentido, Estado y familia deben recomponer los formatos de educación, seguimiento y control de niños, adolescentes y jóvenes, para transformar los cimientos sociales en favor de futuras generaciones. De lo contrario, seguiremos por mucho tiempo asistiendo al espectáculo deprimente que observamos a diario a través de las redes sociales, donde se dibuja una sociedad “moderna” como arcaica, edificada sobre lo vulgar, obsceno e inculto. El desarrollo humano integral depende de cada uno de nosotros.








