¿Quieres recibir notificaciones?
Si
No
INGRESAR Explora tu perfil

Amigo lector,

Haz disfrutado 5 de 10 contenidos gratuitos.

Nuestro deseo es que continues informandote y disfrutando de todo nuestro contenido, por eso te invitamos a iniciar sesión ó crea tu cuenta gratis en nuestro portal.

SUSCRÍBETE
Opinión

Un canto para Bolívar

Pocos héroes en la historia han recibido tanto honor, tanto poder y tanta ingratitud», escribe con acierto Marie Arana en uno de los capítulos de su nueva y monumental biografía: Bolívar, Libertador de América.

Quise hallar a ese héroe en las monedas que de niño deslizaba en un cerdito de cerámica, en la hamaca que colgué en una habitación del pasado, en el busto de una plaza, en el himno de un mal poeta, en la caracterización de un buen actor, en el nombre de mi bisabuelo, en la biografía de Indalecio Liévano Aguirre, en el relato de su romance con la francesita de Salamina, que me contó mi padre, en la cresta del páramo de Pisba, acatando su destino de Aníbal suramericano, en la ardiente determinación de Pativilca, en la sencilla grandeza con que pacificó a Pablo Morillo en Santa Ana.

Quise hallar a Bolívar en la lucidez de su Carta de Jamaica, cuyo proyecto político inconmensurable sería desbaratado por la ambición de los caudillos, el sabotaje extranjero y el provincialismo del graduado más eminente del cubil de leguleyos del Colegio de San Bartolomé, como lo llama Gabo. A veces creí vislumbrarlo en sus discursos y en los versos intolerables de «Mi delirio sobre el Chimborazo». Escribo «intolerables» porque los mismos que le concedieron los títulos de «Excelencia», «Libertador» y «Tirano», juzgan apócrifa la obra y se rehúsan a llamarlo «poeta».

Sin embargo, coincido con su biógrafa limeña: «No es exagerado decir que la revolución de Bolívar cambió el idioma español, pues sus palabras marcaron el comienzo de una nueva era literaria. El viejo y polvoriento castellano de la época, con sus florituras y sus engorrosas locuciones, en su notable voz y pluma, se convirtió íntegramente en otra lengua: imperiosa, vibrante y joven».

En las letras hispánicas, Bolívar ha sido uno de los héroes problemáticos por excelencia. Álvaro Mutis acentúa su refinamiento europeo en El último rostro; García Márquez lo muestra Caribe en El general en su laberinto; en «Las sangres encontradas», Zapata Olivella lo percibe negro y lo enjuicia: «Simón, se te acusa de haber dejado a tus palabras lo que pudiste defender con el filo de tu espada: ¡la libertad de los ekobios!»; Germán Espinosa en Sinfonía desde el nuevo mundo hace de Bolívar un símbolo del republicanismo y un déspota. Hasta Borges cedió al embrujo de Bolívar. En su cuento «Guayaquil», el hallazgo de una carta parece esclarecer el duelo sin testigos que Bolívar le ganó a San Martín en 1822. 

Con cuarenta y siete años, luego de arrebatarle a España un imperio cinco veces más vasto que Europa, cayó muerto de desesperanza en una cama prestada. Había sacrificado por un sueño hasta el último centavo de su fortuna. «Hubo que pedir prestada una camisa limpia a un vecino amable, tras lo cual se arregló un remedo de funeral por el que pagó un voluntario».

Nunca un héroe ha sido más tergiversado e instrumentalizado. En Un canto para Bolívar, en cambio, la voz de Pablo Neruda brota como en una canción desesperada:

«Todo lo nuestro viene de tu vida apagada,

Tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,

Tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre».

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más Columnas de Opinión

Manuel Moreno Slagter

Mercados ambulantes

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de conocer una de las versiones de «Mercado a tu barrio». La iniciativa, concebida por la administración distrital, se trata de una serie de montajes ambulantes que se instalan por cinco días en el e

Leer
Eduardo Verano

Tiempos de reconciliación

El cristianismo funda al mundo occidental. Parece que no es así, pero es así. Contra la historia del hombre nada hay que hacer y la cultura occidental tiene en su seno una fuerte raíz: el cristianismo. En este mundo racionalista e ilustrado sue

Leer
Roberto Zabarain

¡No firme!

En Colombia no hay nada más permanente que lo provisional. Sobran los ejemplos de medidas y decisiones que, para evitar airada reacción ciudadana, se disfrazan de provisionales, y terminan empeoradas y sempiternas. Sobran también los ejemplos d

Leer
Ver más Columnas de Opinión
La sesión ha sido cerrada con exíto
Por favor, complete su información de registro aquí
DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1) Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2) Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3) EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4) Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.
Ya soy suscriptor web