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Opinión

Nefasta polarización

Es tal la polarización que, incluso, a nivel familiar se han prohibido las conversaciones sobre temas políticos, ideológicos, religiosos y hasta deportivos para evitar debates agrestes y peleas, por la incapacidad que se tiene para sostener diálogos en el marco de la alteridad. 

Como columnista he experimentado en carne propia la grave y compleja situación de polarización que vive el país. Cuando escribo de temas como la pobreza y la necesidad de equidad me clasifican en la izquierda y cuando me refiero a la creación de empresas, generación de empleo o desarrollo económico, entonces me califican como derechista. Más que de izquierda o de derecha, mi pretensión es ser siempre un colombiano comprometido con la deconstrucción de nuestra patria, con disposición permanente para coadyuvar en la consolidación de su democracia y la construcción de una sociedad ética, justa, solidaria y sostenible.  

Es tal la polarización que, incluso, a nivel familiar se han prohibido las conversaciones sobre temas políticos, ideológicos, religiosos y hasta deportivos para evitar debates agrestes y peleas, por la incapacidad que se tiene para sostener diálogos en el marco de la alteridad.  

En toda sociedad democrática y, por supuesto, al interior de la familia, la conversación, el debate y la crítica son puentes necesarios para el entendimiento, incluso en el disenso, y trabajar de manera mancomunada a fin de alcanzar el bienestar colectivo. Pero si, al contrario, lo que se pretende es aplastar el pensamiento del otro a través de la radicalización del discurso o la agresión, se amplían las distancias entre los polos, haciéndolos irreconciliables y lesionando profundamente la convivencia ciudadana.

La nefasta incidencia del endurecimiento de las posiciones, con base en doctrinas inconcusas o dogmas que no admiten el disenso ni el intercambio de conceptos, está más que evidenciada en la historia humana a través de pavorosos episodios como las guerras, las dictaduras, los genocidios, etc.  

Sobre la política estadounidense y hechos como la elección de Donald Trump, el periodista Ezra Klein, autor del libro ‘Por qué estamos polarizados’, alude a la teoría del “partidismo negativo”, o sea, cuando los votantes se mueven más por la antipatía a un candidato que por afinidad con el otro; es decir, sin valorar propuestas o ideas. “A medida que el público se ha polarizado, en parte debido al comportamiento de los actores políticos y las instituciones (incluidos los medios de comunicación), los actores y las instituciones responden comportándose de maneras más polarizadas, lo que polariza aún más al público”, explica The New York Times en una reseña.

Aunque históricamente Colombia ha padecido de desencuentros, en estos momentos el país vive una marcada divergencia que tomó cuerpo como una polarización ideológica y política que nos está llevando directamente hacia el extremismo y la incomunicación. 

Cuando las diferencias llegan a estos niveles extremos se bloquea la capacidad de raciocinio, al tiempo que se les abre la oportunidad de florecer al fanatismo y al populismo. Soy un convencido de que estamos a tiempo de corregir esa senda, abriendo espacios de encuentro y fraternidad, donde podamos escucharnos y se les quiten los palos a la rueda de la hermandad y el diálogo en nuestro bello país.
rector@unisimonbolivar.edu.co

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