Nacer y crecer en las ciudades se está volviendo una norma en Colombia. El 80% de los colombianos vive en contextos urbanos, y solo 15 de cada 100 viven en el campo.

Escoger la ciudad para vivir es producto, especialmente, de que las personas en la ciudad buscan encontrar mejor salud, mejor educación y tener más posibilidades de acceder a diversas oportunidades. Sin embargo, la ciudad es engañosa porque las estadísticas promedio que nos muestra no reflejan estrictamente la realidad.

Si usted conoce el espacio urbano de Barranquilla, podría encontrar personas muy adineradas, pero también muchas que sufren las peores privaciones. Podrá ver algunos barrios donde sus habitantes gozan de todos los privilegios del desarrollo, mientras en otros sectores muy extensos viven con muchas privaciones, con dificultades de todo tipo, con trabajos informales que apenas les alcanzan para la sobrevivencia.

No se puede desconocer que las últimas administraciones municipales han dado un impulso a la ciudad, y se han creado mecanismos para más acceso a la salud; los niños que viven en barrios populares estudian en escuelas decentes, y hemos visto obras de infraestructura como la construcción de colegios, clínicas, trabajos de saneamiento, pavimentación de calles y nuevos parques.

A pesar de estos logros, las desigualdades urbanas son muy notorias. La pobreza hace que la convivencia entre los habitantes de muchos barrios sea notoriamente peligrosa por el microtráfico y las bandas de adolescentes que les atormentan la vida. Pero también el hogar de estas personas no siempre es un lugar seguro, muchas formas de violencia ocurren en su interior. Porque cuando no alcanza para pagar la insultante factura de la luz y otros servicios; cuando el ingreso económico es mínimo e inestable; cuando a veces no hay plata ni para el bus: el estrés invade nuestras vidas y la descarga agresiva no se contiene.

Sabemos que la solución al problema de la desigualdad es complejo. No es solo un tema de crecimiento económico, sino también de acceso a la salud, nutrición y educación; acceso a la justicia, igualdad de género, inclusión social. En síntesis, la reducción de la desigualdad es un imperativo en el ámbito de los derechos humanos y la justicia social.

Muchas ciudades en el mundo han logrado que todos sus habitantes vivan dignamente acabando con las discriminaciones y generando cada día más oportunidades para todos. Reducir la desigualdad no es solo un tema de ingresos, también es un tema de valores sociales, de prácticas culturales, de lo que las personas sientan. Vivir pobremente no es un destino natural, es una realidad económica, social, política y cognitiva, sobre la cual se tiene la obligación moral de cambiar.

Adenda 1. La Ministra de Justicia Margarita Cabello Blanco es un orgullo de Barranquilla.

Adenda 2. Cuando vi el fuego en el Buenavista pensé que se estaba incendiando nuestra “catedral de Notre Dame”.

joseamaramar@yahoo.com