Mientras el país no mire lo que ocurre en sus territorios, será muy difícil alcanzar un desarrollo humano pleno en Colombia. El empobrecimiento crónico que vive el corregimiento de Tasajera, en el Magdalena, es una muestra de cómo la indiferencia frente a la realidad de muchos colombianos se ha convertido en un problema estructural. Tasajera ha sido erróneamente retratado a partir de los saqueos de camiones en la carretera hacia Barranquilla. Ese retrato simplificado ignora una realidad mucho más dolorosa: la crisis estructural que enfrentan los habitantes del corregimiento, quienes han sufrido el ocaso ambiental de su ecosistema —con afectaciones directas sobre su modo de vida— y han sido casi completamente olvidados por el Estado.
Tasajera es un territorio de tradición pesquera, en el que la inmensa mayoría de las familias depende de esta actividad económica. Según la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (Aunap), al menos el 60 % de la población se dedica a ella. Sin embargo, la pesca se ha visto gravemente afectada por múltiples factores, siendo el más preocupante el deterioro de la biodiversidad, cada vez más amenazada. Los retos en esta materia son enormes: desde la proliferación de una planta invasora que afecta la navegabilidad en la Ciénaga Grande, hasta la acumulación de plástico por la ausencia de un sistema eficiente de disposición de residuos.
Tasajera está llena de plástico y las autoridades ambientales no han tomado las medidas necesarias para implementar campañas de pedagogía ambiental, reciclaje y reutilización de los residuos que los pescadores utilizan en su vida cotidiana. Los desafíos de salubridad que enfrenta el corregimiento son enormes, y los efectos del plástico impactan tanto la calidad de vida de sus habitantes como la propia actividad pesquera. Otra situación que debería encender todas las alarmas es que muchas viviendas se están construyendo sobre cimientos de basura: ante la falta de oportunidades y de alternativas, los residentes utilizan desechos para rellenar humedales y poder levantar sus casas como un mecanismo adaptativo frente a la precariedad.
A esta crisis se suma un fenómeno que avanza silenciosamente y que amenaza con borrar literalmente el territorio: la erosión costera. Tasajera, ubicado sobre la franja entre el mar Caribe y la Ciénaga Grande de Santa Marta, es uno de los puntos más vulnerables de la costa colombiana frente a este proceso. El avance del mar ha destruido viviendas, reducido la franja de tierra habitable y obligado a familias enteras a relocalizarse en condiciones de absoluta precariedad. La erosión costera no es un fenómeno natural inexorable: es, en gran medida, el resultado acumulado de la deforestación de manglares, la alteración de los flujos hídricos por obras de infraestructura y la ausencia de una política pública que articule la gestión del riesgo con el ordenamiento territorial. Sin una respuesta institucional seria y sostenida, Tasajera no solo perderá su economía, sino también su suelo.
Tasajera fue en algún momento la principal fuente de abastecimiento de pescado para el departamento del Magdalena y para Barranquilla. Con el paso del tiempo, sin embargo, esa posición se ha deteriorado notablemente. En los últimos cuarenta años, la actividad pesquera se ha reducido de manera significativa a causa del deterioro ambiental y de la sobreexplotación de las especies mediante métodos y técnicas inadecuadas.
La paradoja de Tasajera es brutal: una riqueza natural que terminó convirtiéndose en una trampa de pobreza para sus habitantes, mientras la institucionalidad se olvida de mirar a estos territorios con una visión de desarrollo y de potencial. Una visión que permita no solo superar el estatus de pobreza multidimensional en el que se encuentran sus habitantes, sino también potenciar la actividad pesquera como un motor de productividad regional.
Es absolutamente imperdonable que el Estado colombiano —tanto a nivel nacional como territorial— deje a su suerte al corregimiento de Tasajera e ignore deliberadamente las necesidades de su población en materia de servicios esenciales, así como los enormes retos ambientales que sus habitantes enfrentan a diario.
@tatidangond








