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Coraje

La historia de Simone debe ser usada como ejemplo para ayudar a esas personas que piensan que abandonar o redefinir un objetivo de vida, por condiciones de salud mental, es un acto de cobardía. Reconocer y exponer los límites puede muchas veces convertirse en la mejor respuesta de un individuo ante el estrés y las angustias de la vida. 

El deporte mundial se sacudió esta semana con el anuncio hecho por la gimnasta artística estadounidense, Simone Arianne Biles. La más laureada de la historia en las competencias de su disciplina se retiró de la final olímpica declarando que ya no confiaba tanto en sus capacidades: “No quería salir y hacer algo estúpido y lastimarme”.

La primera reacción de los medios de comunicación fue preguntar insistentemente por la lesión física que motivaba la decisión. Gran sorpresa les causó cuando la deportista, múltiples veces galardonada, dijo que simplemente no quería seguir y que por eso debía concentrase en cuidar su salud mental.

El coraje que mostró Simone con su decisión hizo que muchos deportistas de élite mundial se refirieran al hecho como algo que transcenderá el ámbito deportivo, pues como escribió la medallista Tianna Bartoletta: “Hay personas que vieron a la mejor gimnasta de todos los tiempos retirarse del escenario más grande y puedo garantizar que por primera vez alguien en alguna parte está pensando... si ella puede alejarse de eso… tal vez yo también puedo tomar un paso así”.

La vida de Simone, de apenas 24 años, ha estado marcada por episodios traumáticos desde su temprana infancia. A la edad de 3 años fue rescatada, junto a sus tres hermanos, de su madre biológica drogadicta y alcohólica. Separada de sus hermanos desde entonces y criada por sus abuelos, tuvo su primer contacto con la gimnasia cuando cumplía los 6 años. La entrenadora que la descubrió cuenta sobre su empeño permanente y obsesivo con alcanzar rápidamente la meta de ser la número uno del mundo; un compromiso asumido tal vez como escape ante su dura realidad. Largas jornadas de hasta 32 horas semanales de entrenamiento y rutinas la llevaron al equipo nacional de los Estados Unidos, con el que ha ganado todos sus títulos y en el cual, en una increíble historia de indolencia y complicidad, fue abusada sexualmente por el médico de la selección.

Aún seguramente, sin haber “reparado” completamente los daños causados por los difíciles momentos anotados de su vida personal, Biles debía soportar la presión de cumplir las expectativas del mundo deportivo que siempre la da como segura ganadora en las competencias en las que participa, incluyendo por supuesto las de Tokio 2020.

La historia de Simone debe ser usada como ejemplo para ayudar a esas personas que piensan que abandonar o redefinir un objetivo de vida, por condiciones de salud mental, es un acto de cobardía. Reconocer y exponer los límites puede muchas veces convertirse en la mejor respuesta de un individuo ante el estrés y las angustias de la vida. Cometer un error en las rutinas que realizaría, por no estar al cien por ciento de sus capacidades mentales, podría haberle costado una grave lesión, y a su equipo una medalla en estos inusuales juegos.

En nuestra realidad social desde muy pequeños se nos enseña a competir en todas las esferas de nuestra vida. A pesar del agotamiento emocional que genera el permanente estado de alerta, insistimos en mirar como débiles a las personas que deciden, en momentos de gran lucidez, hacer un pare en esas locas carreras por la fama, reconocimiento o dinero, aprisionados por algunos estereotipos impuestos.

Simone nos ha enviado un claro mensaje: La resiliencia tiene un límite.

@hmbaquero

hmbaquero@gmail.com

 

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