Terminó esta semana la edición número 35 de la FILBO – Feria Internacional del Libro de Bogotá. Los datos preliminares de visitantes, unidades vendidas y asistencia de público a las actividades literarias, culturales y profesionales muestran cifras por encima de los máximos históricos. Estuvo tan concurrida la feria, que un organizador del evento solo pudo explicar el fenómeno asociándolo con un grupo importante de nuevos lectores forjados en los días más oscuros de la pandemia.

A pesar de lo esperanzador que resultaron los números de la FILBO 2023, los datos más recientes disponibles, muestran que los colombianos leemos en promedio en un año 2,7 libros, cifra cercana a la mitad de los libros que leen los chilenos, argentinos y mexicanos, referentes nuestros en América Latina. Si desagregamos los datos del país, un habitante de la Costa Caribe lee en promedio un libro cada doce meses, lo que equivale solo a la quinta parte de los que lee, en el mismo intervalo de tiempo, una persona que resida en Bogotá.

Adquirir el hábito de la lectura en la niñez requiere de menos tiempo y esfuerzo que en la adultez. Acciones tan sencillas como leer a los niños desde temprana edad, en voz alta y siempre en ambientes acogedores y cómodos, se asocian con mayor probabilidad de disfrutar de la lectura en etapas posteriores de la vida. Ver adultos leyendo y escucharlos hablar de lo leído, impulsa a los jóvenes a imitar las conductas.

Una vez se desarrolla el gusto por la lectura, el siguiente reto a enfrentar es poder tener libros para leer. En un país donde el índice de pobreza monetaria ronda el 40%, solo las políticas gubernamentales orientadas específicamente a garantizar la disponibilidad de libros gratis para los habitantes, logrará satisfacer el deseo de los ya iniciados en el disfrute de este maravilloso ritual en que se convierte leer.

Algunas acciones que se podrían implementar en nuestra ciudad que creo ayudarían a estimular y facilitar la lectura, incluyen: incrementar las bibliotecas públicas disponibles; generar, en los remozados parques, espacios para grupos de lectura y trueques de libros usados; o implementar programas en el trasporte público y en el malecón para el préstamo sin costo de títulos que el usuario devuelva una vez los termine de usar.

Leer nos ayuda a incrementar nuestros conocimientos, nos hace ser más críticos y reflexivos, y nos mejora la empatía y el relacionamiento con otros seres humanos. Leyendo fomentamos nuestra creatividad, nos entretenernos y logramos escaparnos, al menos momentáneamente, de nuestros problemas protegiendo con ello nuestra salud mental. Todos necesitamos siempre leer un poco más.

PD: Ojalá se pueda materializar la intención de organizar este año una nueva versión de lo que se podría llamar en adelante la FILBA - Feria Internacional del Libro de Barranquilla.

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