El Observatorio de Memoria y Conflicto, del Centro Nacional de Memoria Histórica, documentó los hechos ocurridos en el conflicto armado colombiano entre 1958 y julio de 2018. La guerra ha dejado 80.514 desapariciones forzadas. 24.518 masacres. 37.094 víctimas de secuestro. 17.804 menores de 18 años reclutados. Un total de 94.754 muertes son atribuidas a los paramilitares, 35.683 a la guerrilla y 9.804 a agentes del Estado”. Las aterradores cifras demuestran el horror que se vivió en el país durante más de cincuenta años.
Recordar la historia es doloroso pero necesario. Vivimos en un país que tiene profundas heridas. Algunas incurables. Parece imposible imaginar la paz. Qué palabra tan simple. Qué difícil comprenderla. Colombia parece estar condenada a la violencia. Desde los inicios, hace doscientos ocho años, estamos en esa búsqueda de la verdad, intentamos recuperar nuestra identidad y darle la mano a la paz. El camino ha sido largo, casi eterno. Es como si el pasado le arrancara la piel al futuro para cobijarse en medio de la guerra y no dejarnos avanzar. Hasta que llegó un presidente que trató de pasar la página, que se arriesgó, que nos dio la posibilidad de saltar del sueño a la acción… y defendió la vida... y salvó miles de vidas.
Juan Manuel Santos acabó su mandato. Ocho años como presidente. Terminó el período con poca favorabilidad. ¿Qué tal el delirio del colombiano? El mundo entero aplaude su legado, mientras que aquí le metemos zancadillas al progreso. A pesar de las fallas en su gobierno, logró resolver el punto que más le costó al país en la contemporaneidad: desarmar a la guerrilla más antigua de América Latina. Apagó cincuenta años de guerra. Y aunque el Acuerdo no se ha implementado en su totalidad y queda cojo, ¡desarmó a las Farc! Dio el primer pasó para llegar a la meta, para ofrecerle un mejor lugar a las próximas generaciones.
El presidente Santos no sólo luchó por la paz. Fue un demócrata en todo el sentido de la palabra. Respetó a la oposición. Los periodistas no sintieron las amenazas y zozobra que se vivieron durante décadas. Por primera vez, los partidos políticos alternativos tuvieron una opción real de participar en política. La prueba está en un Congreso pluralista que abarca a casi todos los sectores de la sociedad.
Las cifras también tienen voz. En 2010 el desempleo estaba en 11,8% y en 2018 está en 8,7%. La pobreza extrema fue, en 2010, de 14,4% y, en 2017, de 7,4%. La pobreza multidimensional estaba en 30,4% y bajó a 17,8%. La inversión extranjera en 2010 fue de 24,5% y en 2017 subió a 27,5%. También hay puntos negativos y varios errores en su mandato, pero son innegables los puntos positivos.
Quedan varios vacíos, pocas garantías para los sectores más vulnerables. El Acuerdo no se blindó y está en nuestras manos protegerlo o volverlo trizas. En esta columna varias veces critiqué al gobierno de Juan Manuel Santos, hoy resalto su legado.
Gracias, presidente Santos por creer en la paz. Por defenderla. Por salvar miles de vidas. La historia lo espera y las nuevas generaciones estaremos eternamente agradecidas.
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