El mundo está expectante frente a los resultados de la operación militar que adelanta Estados Unidos cerca de las costas venezolanas, la cual se espera sirva para impulsar la caída del régimen de Nicolás Maduro y la transición hacia un Estado democrático. Frente a este operativo se plantean dos opciones: la captura de Maduro y de su cúpula militar, o una salida negociada del régimen hacia una transición verdaderamente democrática.
La oposición venezolana, liderada por María Corina Machado, ha construido una narrativa que ha calado profundamente en el gobierno estadounidense, planteando que la dictadura de Maduro representa una amenaza directa contra Estados Unidos y sus intereses en la región. Esto ha sido, sin lugar a dudas, fundamental para que el gobierno de Trump decidiera movilizar buques de guerra, submarinos, aviones y miles de marines en lo que denominaron una operación antinarcóticos contra el Cartel de los Soles.
El gobierno estadounidense ha implementado diferentes estrategias en el pasado para propiciar la salida de Maduro y, dado que ninguna ha funcionado, se espera que detrás de esta nueva ruta tanto Estados Unidos como la oposición tengan un plan que permita a los venezolanos transitar hacia la democracia. Los factores endógenos y exógenos parecen alineados para que esta estrategia llegue a buen puerto: un régimen notablemente debilitado y totalmente aislado en el contexto internacional.
La realidad es que, a pesar de los intentos de Maduro por despertar un sentimiento nacionalista con la bandera de la amenaza extranjera, su régimen atraviesa su punto más bajo: vive con un temor constante a ser traicionado por su propia gente y cuenta con unas fuerzas militares incapaces de responder a una eventual intervención, ya sea a gran escala o limitada. Por otro lado, como lo sostiene Sergio Gómez Maseri, corresponsal de El Tiempo en Washington, a Trump le gustan las victorias rápidas y emblemáticas; si esta operación resultara exitosa, sería algo que mostrar en la lucha contra el narcotráfico, la defensa de la democracia y, por supuesto, en un tema central de su agenda: la migración venezolana.
Aunque a la fecha se desconoce cuál es el verdadero plan de Estados Unidos —si es que existe—, el gobierno de Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, férreo opositor del régimen, perderían toda credibilidad si llevaran a cabo este gran despliegue naval sin lograr, al menos, negociar la transición hacia la democracia en Venezuela. Como lo sostuvo el expresidente Juan Manuel Santos esta semana en La W, todavía no es muy tarde para negociar la salida del régimen. Sin embargo, si llegara a darse una salida negociada -que en el estado actual de las cosas no parece ser la intención-, el punto de partida debería ser el reconocimiento de los resultados de las pasadas elecciones y la salida inmediata del poder, sin vacilaciones.
@tatidangond