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Opinión

El virus más virulento

«A raging virus», dijo Biden; «es un virus muy virulento», apareció en la franja inferior de la pantalla. En adelante, más de dos mil tuiteros se sumaron a la discusión de si la traducción era correcta o no, apedreando a Caracol o a quien fuese el encargado de redactar los rótulos de la transmisión.

La historia no se erige sola entre nosotros, cada habitante de este convulsionado hogar llamado Tierra es el encargado de escribirla, con sus mejores aciertos y sus más crasos errores. Desde hace más de un año nos enfrentamos a una entidad microscópica que se ha convertido en el eje de todo y que ha trascendido casi todas las fronteras creadas por el hombre. Fronteras quizás no tan fuertes como la que se levanta a diario en las redes sociales, disfrazada de información o de niño rebelde, de esos que arman pataletas porque sí y porque no, desconociendo que hay cosas mucho más trascendentales que burlarse del otro, decir locuras por doquier o señalar un error de ortografía, gramática o sintaxis como el peor de los pecados.

Espacios más remotos que cercanos como Facebook, Instagram o Twitter, que suman miles de millones de usuarios en el mundo y que ilusionan a tantos con ser dueños de verdades absolutas, son la telaraña donde se cuece el caldo más venenoso que haya sido probado jamás. Inventar o reinventar la realidad mientras se dicen mentiras no tan piadosas es el pan de cada día en las redes sociales, el escenario donde lo que tiene peso suele perderlo, mientras lo superfluo crece como espuma.   

Con un discurso memorable, Joe Biden tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero, invitando a pensar que el ser humano está mucho más allá de partidos políticos, de la izquierda o la derecha, o de cualquier otra cosa que le reste humanidad. Las principales cadenas de televisión del mundo transmitieron en directo la que fue una ceremonia histórica. En Colombia, Caracol no fue la excepción y eso quedó superclaro en Twitter, gracias a quienes señalaron y lapidaron un “error” de traducción en el rótulo que acompañaba la imagen del nuevo mandatario.

«A raging virus», dijo Biden; «es un virus muy virulento», apareció en la franja inferior de la pantalla. En adelante, más de dos mil tuiteros se sumaron a la discusión de si la traducción era correcta o no, apedreando a Caracol o a quien fuese el encargado de redactar los rótulos de la transmisión.

Virus se define como «cualquiera de los agentes patógenos apenas visibles con un microscopio óptico». Y virulento, como «ponzoñoso, maligno, ocasionado por un virus, o que participa de la naturaleza de este». Sugerir que el coronavirus es “un virus muy virulento” no se constituiría entonces en una falla sintáctica. Y, en ese sentido, decir que el poder de las palabras e intenciones necias en redes sociales es el virus más virulento, tampoco sería un error.  

La virulencia de miles de mensajes, videos e imágenes que se hacen virales en las redes sociales es uno de nuestros peores males. Y tal vez es hasta más dañino que la covid-19, para la que ya existe vacuna, pero, precisamente por la difusión casi patológica de teorías conspirativas a través de plataformas digitales, millones de personas se han creído el cuento de que la vacuna, más que un bien, representa un verdadero mal.    

El mundo de la conectividad, en el que paradójicamente nos conectamos para desconectarnos de lo que en esencia nos rodea, no puede seguir siendo el recinto del veneno. Si seguimos creando y creyendo realidades aparentes, y cuestionándonos mutuamente sobre lo menos importante, el virus de la desinformación y de la bobería acabará matándonos a todos. 

@cataredacta

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