El Heraldo
Opinión

Arrivederci

Tengo miles de proyectos por ejecutar, empresas que impulsar, novelas que escribir, muchas ideas maravillosas que explotar,

Este no es un adiós definitivo, queridos lectores. A lo mejor, cuando me apetezca, volveré a escribir sobre asuntos políticos, económicos y de coyuntura. Quizás me acostumbré a no sentir la necesidad de tener que publicar lo que pienso o, a lo mejor, está desapareciendo para siempre de mí ese delirio que nos hace creer a todos los que opinamos que nuestros análisis y posturas son necesarias para salvar al mundo, en mi caso a Colombia. Quién sabe lo que pueda pasar: la vida está escrita por un maestro del misterio.

Por ahora, quiero alejarme un buen rato de estas lides y seguir las pulsiones de mi corazón: hacer solo cosas que enriquezcan el espíritu y evitar a toda costa proceder por mera obligación. Y escribir sobre lo de siempre, incluso sobre otros temas, me tiene francamente aburrido, porque a veces no me provoca decir nada, aunque debo cumplir con la responsabilidad ineludible de enviar el escrito a los medios, que generosamente lo han publicado por cerca de 10 años. El mejor columnista es el que sin falta manda el artículo a tiempo; pero esa máxima, que he honrado a cabalidad, se ha convertido en una camisa de fuerza que ya no estoy dispuesto a seguir vistiendo.

No importa que mis artículos semanales sean de los más leídos y que siempre se conviertan en tendencia en las redes sociales, o que el hecho de opinar otorgue cierto poder y aura de sabiduría: renuncio expresamente a cualquier beneficio colateral, por la dicha de hacer lo que me de la reverenda gana cuando yo quiera. Este es un acto de rebeldía y de reivindicación de mi libertad: no soy de la clase de hombres que se dejan manejar la vida, por circunstancias exógenas que, al final del día, nada logran. No sirve de mucho haber ganado tantas cosas, y no tener espacio para disfrutarlas a plenitud. Quitarles tiempo a la familia, los amigos y a los placeres de la vida carece de sentido y lógica.

Ciertamente, se crea conciencia al escribir, pero la materialización de cualquier idea requiere el apalancamiento del Estado y el sector privado: las verdaderas transformaciones se hacen desde el poder real, desde el Gobierno, o haciendo empresa; no opinando y teorizando sin parar. Yo ya he dicho mucho y, de pronto, hasta todo lo que tenía que decir, parodiando al maestro Juan Rulfo. Quien quiera saber lo que pienso acerca de política y economía puede consultar en internet.

Manuel Marín, comisario de la Unión Europea, creador de Erasmus y presidente del Congreso de diputados de España, se retiró de su último cargo en ejercicio, justamente en el cenit de su carrera. Era cercano a mi gran amiga la exministra Noemí Sanín, que le preguntó por qué renunciaba después de una carrera tan exitosa, a lo que Marín contestó: "De ahora en adelante, solo quiero estar rodeado de buenas personas”. No estoy diciendo que en el mundo del periodismo todos sean malos, pero ¡qué cantidad impresentable de comemierdas los que hay en esa actividad! Ya no me siento cómodo haciendo parte de un gremio en el que el éxito se mide por la cantidad de gente que se descabeza.

Entre las cosas que he venido haciendo para ser más feliz están no ver noticieros ni escuchar radio (hace más de 1 año no lo hago, y no se imaginan la dicha). También quiero salirme de WhatsApp cuanto antes: el celular es una nueva forma de esclavitud que tampoco estoy dispuesto a seguir consintiendo. En fin, hay tanto por hacer que no debemos malgastar el tiempo en mala vibra y cosas vanas.

Tengo miles de proyectos por ejecutar, empresas que impulsar, novelas que escribir, muchas ideas maravillosas que explotar, parrandas interminables que gozar y ramilletes de besos y abrazos que entregar. No estoy abandonando a Colombia, como muchos pensarán; eso jamás, pero haré patria de otra forma, lejos de la retórica y generando acciones concretas que se traduzcan en desarrollo y prosperidad para toda la sociedad.

Para aquellos compatriotas que creen que puedo gobernar la Patria, me honran de verdad. Sería un gran presidente, no tengo duda, me sobran cojones, iniciativa y capacidad de gestión; pero nada más contrario a mi forma de ver la vida que la actividad política. Ese mundo de intrigas, falsedades, traiciones y corrupción no se parece en nada al universo maravilloso que, día a día, estoy empeñado en construir para mi esposa e hijos.

Todos debemos buscar una manera de trascender, esta es la mía. Arrivederci.

La ñapa: patriota, uribista y guerrero hasta el final. Por Colombia todo, nada sin ella.

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