La segunda vuelta de elección presidencial en Colombia hace presagiar que ahondará las diferencias políticas que pudieran conducir a una guerra civil.
Los niveles de pugnacidad no pueden ser más rastreros. El discurso político común a todos los sectores es un verdadero llamado a la violencia, odio y exterminio de quien opine diferente.
Lejos está en los candidatos la personalidad componedora, concordia y unificación, que reclama la coyuntura.
La violencia verbal, mentira y miedo han sido inoculados a los ciudadanos como un virus de campaña que carcome el alma y mente de electores invitándoles a “matarse” entre sí e incendiar a Colombia.
La histeria colectiva está a la orden del día, ese exceso emocional ingobernable, enajenación mental y falta de contención, ya se encuentra preocupantemente presente en todos los rincones de la patria.
Las campañas giran efectivamente alrededor de una fábula centrada en el rumor, con cierta dosis de falsedad o ficción. Se trata, de una narrativa puesta en escena con el único objetivo de deleitar a la audiencia, diciéndole lo que quiere oír propendiendo por la división calculada.
Las campañas más efectivas lograron fascinación y alimentaron el discurso de odio en aquellos que los escuchan. Sólo se sienten satisfechos si logran ver la admiración y la expectativa en el rostro de sus interlocutores.
Lo grave para Colombia no solo es que infortunadamente la política nacional haya sido protagonizada históricamente por personajes histéricos y fabulosos, sino que en la actualidad no se observa un discurso que busque decididamente la reconciliación y unión que necesita el país.
Tal gravedad no sería relevante si no fuera porque la consecuencia de los dirigentes histéricos y fabuladores que nos han gobernado es la aguda polarización en que vivimos protagonista de una galopante violencia política entre derecha e izquierda.
El 21 de junio será la fecha en que hemos sido convocados para elegir en segunda vuelta al próximo presidente de los colombianos, quien deberá gobernar para toda la nación.
Tres semanas para hacer un alto tendiente a evitar que Colombia caiga en llamas. Si las campañas no desescalan el odio, pugnacidad y violencia en el discurso, nos corresponde a los ciudadanos atemperar el ánimo y luchar para que realmente nuestra manifestación en las urnas sea libre, consciente e informada.
El llamado a las campañas es a aminorar la violencia verbal, respetar los resultados electorales y respaldar las instituciones componentes de la Organización Electoral y del Estado Civil.
La responsabilidad de los candidatos Cepeda y De La Espriella es realmente histórica no histérica para evitar que Colombia caiga en llamas.
@orlandocaba


