Cada vez se acerca más la elección de primera vuelta y con el pasar de los días, se hace más evidente lo que muchos querían negar y negarse a sí mismos: la consolidación de Defensores de la patria y Salvación Nacional como una instrumento de regeneración nacional ante la decadencia de las prácticas políticas tradicionales; estas dos fuerzas unidas, dieron forma a una convergencia tan inusual como potente, una colectividad, un movimiento popular forjado de convicciones, coherencia y promesa de transformación, lo que evidentemente sacudió sectores políticos que por décadas han resultado obsoletos frente a la misión que tienen de representar la voz del pueblo, la voz de sus electores. Si la historia les pertenece a los partidos tradicionales, el futuro lo podrá escribir esta vigorosa y contundente expresión política y social.
Mientras muchos limitaban la contienda política a poner al elector entre Escila y Caribdis, haciéndole creer que sus únicas dos alternativas son el comunismo y los de siempre, en silencio fueron atizándose las llamas de una revolución que cuando se pudo vislumbrar, era demasiado tarde para frenar, convirtiendo esta tercera vía, en una alternativa real para el elector: la Patria Milagro de Abelardo de la Espriella; ese movimiento, que hoy parece imparable especialmente porque su fuerza emana del fervor popular y no de una serie de arcaicas adhesiones de cascarones de partido que en ningún caso garantiza la disciplina de sus militantes ni de la colectividad.
Quisieron apagar con combustible el incendio, primero cuestionando la honestidad de sus lideres, después desdibujando su forma de hacer política, “es un payaso”, “es escandaloso”,” impresentable” “Bodeguero”, crearon una campaña incitando a no votar la lista al congreso promovida por De la Espriella con el argumento de que no alcanzaría el umbral, pero esto solo fortaleció su eco en la discusión política nacional. Defensores de la Patria y Salvación Nacional, entendieron que el mundo y la política como funcionaba antes no funciona ahora, que cada cosa tiene un final y ese final es el inicio de algo nuevo, para este caso, el desprestigio y declive de algunos partidos tradicionales, era el punto de partida de una forma de hacer política que hace engranaje con los nuevos movimientos y lideres alrededor del mundo.
La contienda sigue bajo la premisa de que el enemigo común de la democracia es el candidato del continuismo de gobierno, pero mientras llega el momento, el régimen y el establecimiento intentarán con mayor agresividad mantener al país atado a las viejas prácticas del poder y así lograr mantener los resabios de una política anacrónica y agotada. Pero nadie ve la claridad del amanecer sin atravesar la oscura noche, todavía está por delante la parte más difícil del debate electoral, y es donde con mayor sacrificio se debe propender a que la visión de país que resulte victoriosa sea la de la extrema coherencia, donde los colombianos nos unamos en torno a la visión de, autoridad, orden público, el imperio de la ley, la promoción de la iniciativa privada y más importante de todo, los principios y valores de la fe católica en todos los ámbitos de la nación; tal y como declaró en un discurso el presidente Laureano Gómez: “somos briznas de hierba en las manos de Dios”, por esto la devoción y la fe se deben recuperar como pilar ético, moral, espiritual y orientador de la sociedad.
Por ahora, Abelardo de la Espriella continúa capturando adeptos, mientras sigue divulgando su proyecto político, su propuesta de país, fundando sobre la coherencia, la esperanza de cambio y con una mirada inalterable hacia el futuro. Ya son millones de colombianos los que ha conquistado y seguirá ganando el corazón de muchos más, me atrevo a decir que incluso los de ustedes, aun escépticos, ¡también!
* Abogado de la Universidad Externado de Colombia y analista político.








