Durante años el debate sobre la transición energética en Cesar y La Guajira se ha planteado casi como una ecuación sencilla: sale el carbón y entran energías renovables. Como si reemplazar minería con paneles solares o aerogeneradores resolviera automáticamente el problema, todo lo contrario, nos engañaron porque nos pusieron a comparar peras con manzanas.
Voy a ponerlo de manera simple, Si mañana desaparece el carbón del Cesar o de La Guajira, nuestras casas no se apagan. Valledupar no queda sin electricidad. Riohacha tampoco. El carbón que producimos aquí no sostiene directamente el bombillo que encendemos todas las noches.
Lo que sí pasa es otra cosa mucho más profunda: se apagan ingresos, empleo, regalías, proveedores, transporte, comercio, hoteles, restaurantes, contratos, impuestos y buena parte de la dinámica económica regional. Lo que se apaga no es la energía, Es la economía. Por eso el carbón no se reemplaza con energía, el carbón se reemplaza con dinero y el dinero, a escala regional, solo aparece cuando existen actividades productivas capaces de mover economías completas. Industrias que generen empleo masivo, demanda de servicios, recaudo tributario y encadenamientos productivos.
La pregunta que quizás nunca hicimos correctamente fue esta: ¿qué actividad económica puede sustituir el tamaño económico del carbón en Cesar y La Guajira? Porque instalar parques solares no necesariamente reemplaza miles de empleos directos e indirectos. Tampoco reemplaza automáticamente billones en exportaciones o regalías. Un parque eólico puede producir electricidad durante décadas y aun así generar una huella económica territorial muy distinta a una industria extractiva de gran escala.
Ese es el punto incómodo del debate, nos acostumbramos a medir la transición con megavatios instalados cuando debimos medirla también con empleos, PIB regional, ingresos fiscales, productividad industrial y capacidad empresarial. La verdadera transición para regiones carboneras nunca fue energética. Siempre fue económica y ni el gobierno lo entendió.
Países y territorios que han reducido dependencia minera o fósil normalmente lo hicieron construyendo nuevas industrias: manufactura avanzada, petroquímica, metalurgia, logística, tecnología, procesamiento mineral o cadenas industriales de mayor valor agregado. No solo instalando generación eléctrica.
Quizás el mayor error fue hacernos creer que la transición energética consistía únicamente en cambiar una fuente por otra. La transición real es sustituir riqueza, empleo y productividad sin empobrecer territorios, y esa conversación apenas está comenzando, por eso ojo con que gobierno nos representará los próximos cuatro años.
*Director Observatorio de Transición Energética del Caribe – OTEC. Universidad Areandina.
@amatzuluaga1


