Esta semana Colombia volvió a estremecerse con el caso de Yulixa Toloza, una mujer de 52 años hallada sin vida luego de un procedimiento estético realizado en Bogotá. Lo más indignante no es únicamente la manera en que se realizó el procedimiento, sino lo que habría ocurrido después. Según las investigaciones conocidas hasta ahora, Yulixa habría presentado complicaciones graves después de la intervención y, en lugar de ser trasladada de inmediato a un servicio de urgencias para intentar salvarle la vida, los responsables la dejaron morir, ocultaron su cuerpo y huyeron, sin siquiera dar noticia a sus allegados.
Detrás de este caso hay una tragedia mucho más profunda que no puede reducirse únicamente a un titular mediático. Vivimos en una sociedad que constantemente le exige algo a la apariencia de las personas. Más juventud, más perfección, más delgadez, más filtros, más apariencia. Las redes sociales, la presión estética y los estándares imposibles han creado un entorno perfecto para convertir esa presión en un negocio irresponsable.
Estos casos no ocurren únicamente por procedimientos médicos mal realizados. Ocurren también por la existencia de lugares clandestinos, procedimientos sin controles adecuados, documentación falsa y personas que ejercen actividades para las cuales no están realmente capacitadas que siguen funcionando con una facilidad aterradora que las autoridades parecen no observar. Y mientras tanto, las consecuencias fatales las terminan pagando las víctimas y sus familias.
Por supuesto que es importante hacer un llamado a la prevención y a la verificación de profesionales y establecimientos habilitados, pero esta discusión no puede convertirse en un juicio hacia quienes deciden realizarse procedimientos estéticos. Cada persona tiene derecho a decidir sobre su cuerpo. El problema está en quienes se aprovechan de esa decisión, en quienes actúan sin ética, sin controles, engañando a sus víctimas y sin importarles el riesgo que representan para la vida humana.
Lo más doloroso es que esta no es una historia aislada. Colombia lleva años viendo casos similares: personas que ingresan a supuestos centros estéticos y terminan perdiendo la vida o sufriendo daños irreversibles. Y aun así, pareciera que seguimos reaccionando únicamente cuando ocurre una tragedia.
El caso de Yulixa Toloza no debería ser solo una noticia judicial más. Debería abrir una conversación mucho más seria sobre la presión estética, la responsabilidad profesional y la falta de controles reales en procedimientos que pueden terminar siendo mortales.
@CancinoAbog


