Durante siglos, la educación occidental consideró ineludible la formación del carácter como núcleo de toda auténtica enseñanza. Tanto la tradición cristiana como el modelo de las artes liberales entendían que educar significaba formar integralmente al ser humano.
Sin embargo, con la invasión de los modelos empresariales e industrializados aplicados a la educación, aquella visión humanista fue progresivamente sustituida por enfoques centrados en la competencia técnica, el especialismo y la productividad. La formación integral y la educación del carácter comenzaron a considerarse improductivas o secundarias frente a las demandas del mercado laboral y, en ese tránsito, se desplazó la educación del carácter y, de paso, se proscribieron a los grandes eruditos y filósofos de la educación, cuya preocupación vital era la formación de la persona.
Diversos pensadores denunciaron —y continúan denunciando— este desplazamiento de la educación hacia el mero pragmatismo. José Ortega y Gasset advirtió el peligro de formar “hombres-masa”: individuos altamente especializados pero cultural y moralmente desorientados. Más recientemente, Martha Nussbaum ha cuestionado los modelos educativos obsesionados con el crecimiento económico, recordando que las humanidades son indispensables para formar ciudadanos democráticos y conscientes. En una línea semejante, Michael Sandel ha advertido, especialmente a partir de su tesis sobre aquello que el dinero no puede comprar, que las sociedades contemporáneas corren el riesgo de mercantilizar todas las dimensiones de la vida humana, incluida la educación, degradando bienes morales y cívicos que no pueden reducirse a criterios de utilidad o intercambio económico. Igualmente, Jordan Peterson ha insistido en la importancia de reconstruir modelos educativos orientados al sentido, que puedan formar personas capaces de comprender la tradición, asumir responsabilidades morales y orientar su vida hacia propósitos más elevados que la sola empleabilidad.
Entre las instituciones y proyectos académicos que han desarrollado enfoques explícitamente orientados a la educación de las virtudes, destacan el Jubilee Centre for Character and Virtues, adscrito a la University of Birmingham; el programa de Human Flourishing de Harvard University; así como proyectos interdisciplinarios vinculados a las neurohumanidades que buscan comprender de manera más profunda la formación moral de la persona. Del mismo modo, las escuelas clásicas vinculadas a la red de Great Hearts Academies y universidades como Franciscan University of Steubenville, University of Notre Dame, Universidad de Navarra, Universidad Francisco de Vitoria y la Pontificia Universidad Católica de Chile, entre otras instituciones.
* Jurista y filósofo


