El Carnaval terminó. Las comparsas guardaron sus disfraces y la ciudad volvió a su ritmo. Todos, menos una: la comparsa de los criticones. Economistas de pantalla, políticos que nunca han gobernado nada, analistas de fin de semana. Siguen en su propio desfile, convencidos de que opinar es lo mismo que saber. Su tema favorito: la deuda de Barranquilla. Hablan con cara de expertos. El problema es que bailan sin datos.
Vamos sin evasivas. Sí: Barranquilla tiene deuda alta, segunda en el país después de Bogotá. Su indicador de sostenibilidad, que mide si una ciudad puede pagar lo que debe con lo que recibe, superó el límite del 100% fijado por la Ley 358. Eso es verdad. ¿Y ahora qué?
La misma Ley 358, esa que la cumbiamba cita a medias, tiene una excepción expresa: municipios de categoría Especial pueden superar ese límite con autorización del Ministerio de Hacienda. Barranquilla obtuvo esa autorización. No burla la ley. Usa los mecanismos que la misma ley creó para financiar grandes inversiones. Y la ley es clara: la deuda pública solo puede destinarse a inversión, nunca a funcionamiento. Cada peso prestado fue a hospitales, colegios, vías y parques. No a nóminas. A obras que se ven.
Y aquí viene lo que la cumbiamba de los criticones nunca menciona: mientras otras ciudades engordaron su burocracia, Barranquilla la adelgazó. Gastó menos en nóminas y administración, y esa plata que se ahorró la metió en obras. No es relato. El Departamento Nacional de Planeación lo certificó con la máxima calificación.
Fitch Ratings y Moody’s, dos de las calificadoras de riesgo financiero más reconocidas del mundo, revisaron las finanzas de Barranquilla y otorgaron grado de inversión. Fitch le dio AAA (col) a su emisión de bonos, la calificación más alta posible en Colombia. ¿Por qué confían? Porque el recaudo propio crece al 18% anual, el ritmo más alto entre las cuatro grandes ciudades del país. Una ciudad que crece así tiene con qué pagar.
El Departamento Nacional de Planeación calificó a Barranquilla segunda del país en desempeño fiscal 2024, solo después de Bogotá. La deuda tiene cara: 45 hospitales, 120 colegios, 100 parques recuperados, arroyos canalizados. El 91% de los hogares tiene un parque a menos de mil metros. Y 99.000 barranquilleros salieron de la pobreza entre 2020 y 2022.
La cumbiamba de los criticones desfila con relato pero sin un solo dato. El Carnaval ya terminó y los datos están sobre la mesa. Las calificadoras han hablado y el Departamento Nacional de Planeación lo certifica. Mientras Barranquilla construye, crece y paga, les queda un consejo a los de la comparsa: aprendan a bailar, para ver si los dejan desfilar en el próximo Carnaval. Porque la crítica no es lo suyo. El baile tampoco. Busquen oficio.
@junioryidi


