El próximo presidente heredará algo más complejo que un desequilibrio contable. Recibirá la urgencia de reconstruir la confianza económica de la nación. Sin credibilidad fiscal, las mejores promesas de campaña encontrarán, muy rápido, su límite.
Ante la proximidad de un nuevo periodo gubernamental, es fundamental avanzar en líneas estratégicas que prioricen la inversión en saneamiento básico y saneen la infraestructura de servicios.
Defender la autonomía del Banco no implica negar el debate ni desconocer los costos de sus decisiones. Implica, más bien, entender que su rol no es complacer expectativas de corto plazo, sino evitar errores de largo alcance.
Colombia no enfrenta una crisis inmediata, pero sí un cambio de etapa. Este es el verdadero punto de inflexión: el momento en que los desequilibrios dejan de ser advertencias y empiezan a convertirse en restricciones reales.
Lo primero que conviene entender es que estos incrementos no son arbitrarios. La autoridad catastral actúa bajo un mandato legal que le exige adelantar procesos periódicos de actualización para reflejar, mediante metodologías técnicas, la realidad del mercado inmobiliario.
La misma encuesta revela preocupaciones legítimas que frenan el bienestar integral: un 34,75% de los ciudadanos siente que es difícil encontrar trabajo y, más doloroso aún, un 14,4% reportó que en sus hogares hubo restricciones alimentarias porque no había suficientes alimentos.
Un temor común es creer que participar en una consulta genera una afiliación obligatoria a un partido político. Nada más alejado de la realidad, el voto es un ejercicio de soberanía individual que no crea vínculos de militancia ni compromisos legales futuros.
En el Atlántico, y particularmente en Barranquilla, 2025 fue un año de transición hacia la estabilización. Las ventas de vivienda nueva aumentaron 23 %, aunque las iniciaciones continuaron bajas, lo que sugiere mayores tiempos de comercialización.
En medio de este ruido ensordecedor, la Gran Consulta emerge no solo como una opción viable, sino como una herramienta democrática indispensable para rescatar la política como el arte de lo colectivo.
El incremento del salario mínimo, descomunal y sin precedentes, presionó con fuerza los márgenes de las empresas. Para muchas, esto significó prescindir de empleados, renegociar condiciones laborales y adelantar procesos de reingeniería financiera para enfrentar una situación que no estaba en los escenarios previstos.