Cada 1.º de mayo volvemos al mismo punto de partida: preguntarnos qué significa, hoy, “trabajar”. El lema del Día Internacional del Trabajo suele recordarnos la dignidad del esfuerzo y el valor de quienes, con su talento, mueven a las organizaciones y a los países. Pero, más allá de una frase conmemorativa, a mí me gusta leerlo como una invitación a revisar coherencias: ¿cómo estamos cuidando la vida de las personas mientras construimos resultados?; ¿cómo estamos haciendo equipo en medio del cambio?; y ¿qué tipo de cultura dejamos, todos los días, en las conversaciones cotidianas y nuestros constantes intercambios?

En Pfizer hemos vivido un proceso de transformación que ha exigido flexibilidad, aprendizaje y mucha colaboración. Integrar nuevas miradas, roles y formas de trabajar no es solo ajustar organigramas; es construir confianza. Y la confianza se construye cuando sentimos que podemos decir lo que pensamos, cuando vemos que se escucha con respeto, y cuando entendemos que no estamos solos: que hay líderes presentes, equipos que se apoyan y una intención genuina de avanzar juntos. Ese es el tipo de trabajo que me da orgullo: el que combina excelencia con humanidad.

Por eso, cuando hablamos de bienestar, no lo hacemos como un “extra”, ni como un mensaje de temporada. Lo hablamos como una manera de sostener el desempeño en el tiempo. Cuidar el tiempo —propio y del otro—, acordar reglas simples, usar con responsabilidad la flexibilidad y los beneficios, y reducir lo que no agrega valor, son decisiones cotidianas que marcan la diferencia en las organizaciones. Aquí, nuestro compromiso es compartido: de cada colega, con su forma de organizarse y relacionarse; y de cada líder, con su capacidad de dar claridad, poner límites sanos, priorizar y moldear lo que espera ver en el equipo.

Así mismo, se trata de justicia y claridad: de contar con lineamientos consistentes, de promover decisiones transparentes y de asegurar que las personas entienden “qué aplica” y “por qué”, especialmente en temas sensibles como aquellos asociados a compensación. Esa conversación, bien llevada, no solo reduce incertidumbre; fortalece el sentido de pertenencia.

En este Día Internacional de los Trabajadores, mi reconocimiento es a los equipos resilientes, por el profesionalismo y por el esfuerzo silencioso que no siempre se ve, pero siempre se siente. Una reflexión dirigida a todos los colegas con quienes comparto la gran responsabilidad de velar por el bienestar de grandes equipos, como este.

* Gerente general del Clúster Norte de Latino América de Pfizer