Con algo que siempre estaré de acuerdo es con la juntanza femenina y el poder de su incidencia, cuando vi la publicación de la campaña – Armemos la espantosa – me conecté inmediatamente con el objetivo de esta, había analizado lo mismo respecto al evento de instalación de la FILBO, y lo publique es mi columna semanal, también había sido tema en diferentes tertulias que tejí con escritoras, editoras, correctoras de estilo y diagramadoras que conozco y concluíamos lo mismo.
No hubo representación y sabemos que la representación es fundamental, fue un acto con microviolencias y violencias desde lo visual, la narrativa y un conjunto de simbolismos patriarcales que dejan muchas preguntas y el compromiso encendido de seguir trabajando desde la mirada feminista y reivindicadora por una sociedad en equidad e igualdad de derechos.
Colombia tiene mujeres en el ecosistema literario sin duda, tiene escritoras, editoras y mujeres en general que hacen posible grandes apuestas literarias y que los libros sean energía viva que trasmiten contenidos transformadores, entonces ¿Por qué un evento tan poderoso como la Filbo y dirigido por una mujer no incluye a las mujeres en el evento de instalación, ni siquiera a la misma directora? Estuvo solamente la ministra de Cultura que en realidad no representa a las escritoras, entendiendo que las escritoras en Colombia existen y siempre han existido, escritoras rurales, negras, indígenas, lesbianas, académicas, trans, diversas y universales, mágicas y poderosas, valientes y disruptivas.
¿Será que la ministra y las mujeres alrededor de la Filbo no notaron el episodio patriarcal? De repente no, porque el patriarcado se logra escurrir entre la “normalización” de la no representación, exclusión y la violencia simbólica.
El acto antipatriarcal y antiexcluyente que podría haberse presentado, es que la Ministra o las mujeres alrededor de ese evento, hubiesen manifestado su resistencia a desarrollar el evento sin representación de las mujeres escritoras y en el escenario más específico, la ministra hubiera decidido no subir, convocar a los periodistas y manifestar que no aceptaba dicha situación y hacer pedagogía potenciando una desafortunada situación como oportunidad de continuar despertando consciencias.
Pero claro eso es un panorama casi utópico y escrito desde mi espíritu feminista, que además suena medio iluso, lo real es que probablemente ninguna mujer involucrada en el asunto le dio la relevancia al tema, ni se dio por enterada o el bullicio machista la ensordeció y pasó lo que pasa cuando el sistema machista, racista, excluyente se activa, se – normalizó todo – como se hace con las discriminaciones e injusticias, llamando exageradas a las que arman la espantosa y dejando pasar con tranquilidad a quienes transitan por las avenidas opresoras e inequitativas.
Para terminar, comparto una de las preguntas que me hizo una de las personas que asistió a un taller que lideré ¿Y sí hay relevo generacional de escritoras o nos quedamos con Gabriela Mistral y otras clásicas latinas? Eso me estalló la cabeza un poco (en el buen sentido de la palabra) me dije, definitivamente hay mucho por hacer, porque, aunque se busque borrar la historia femenina en muchos escenarios; los libros, la literatura y la creatividad en general, tienen a las mujeres como protagonistas y hay que seguir haciendo pedagogía con perspectiva de género que incluya a todos, todas y todes.
Ni la literatura, ni ninguna de las artes están alejadas de las mujeres, sin embargo, el mundo patriarcal pareciera darles más fuerza a las voces masculinas que a las femeninas, y no pretendo establecer una discusión de competencia entre géneros, por el contrario, quiero enfatizar en la importancia de que la literatura se libere de la verticalidad y comience a transitar genuinamente por amplias avenidas de las diversidades, inclusiones y libertades. Que no sean solo letras y voces de un sector, etnia o clase social, sino de manera interseccional y plural, se les otorgue protagonismo a letras afros, indígenas, infantiles, juveniles, LGBTIQ+, rurales y femeninas, sin limitación alguna.
Vivan los libros, Viva la literatura y Vivan las Mujeres y sus letras poderosas, esto debe ocurrir en igualdad, equidad y no violencia. Aunque algunas personas consideren que no hay mujeres en la literatura, más allá de las clásicas, ¡se equivocan, porque Si las hay y son Muchas! Ojalá que las letras no excluyan a nadie.
Los libros son leyendas vivas – actuales o futuristas, que nos cautivan, estremecen o nos cambian.
Yo soy una de esas escritoras soñadoras y hacedoras de sueños, no estudié literatura, no soy experta académica en letras, sin embargo, desde mi infancia el ejercicio de escribir es mi salvación, mi elixir existencial, mi encuentro con el espacio donde siempre soy feliz. Es importante darle la oportunidad creativa a seres que vamos vibrando con cada experiencia y hacemos de cada momento un relato digno de leer y deleitar. Apoyo eternamente la revolución de las letras y que siempre se arme la espantosa ante cualquier injusticia, nunca más el silencio.
@FACOSTAC








