En su última alocución, Petro arremetió contra la exportación de carne y animales, atacando a los ganaderos, para él terratenientes improductivos que no pagan impuestos. Qué ironía, con los absurdos avalúos catastrales con que se despide.

Que “las exportaciones de carne no pueden seguir porque no tenemos excedentes”. Falso. Las exportaciones no afectan el abastecimiento. El consumo de carnes creció por el enorme gasto en nómina oficial. Pero si el cerdo y el pollo completan su oferta con importaciones por 207 mil toneladas en 2025, las de carne de res son mínimas y exportar 30.000 toneladas y 227.000 animales no afecta la oferta, respaldada por un hato de 30 millones de reses.

Que “exportar a China hace subir los precios de la carne en el mercado local”. Falso. El aumento del 9,6% en 2025 es recuperación, pues en 2024 solo creció 0,68%. Es decir, no cubre la inflación de los dos periodos. Segundo: El bajo incremento en 2024 se dio con exportaciones superiores a las de 2025, lo que demuestra que no causan el aumento de precio. Tercero: el aumento de precio obedece a mayor demanda, reflejada en el incremento del sacrificio de 6,3%. Es economía básica.

Que, con las exportaciones, sobre todo de hembras, “estamos acabando nuestro hato ganadero”. Falso. Las de carne equivalen al 4 % de la producción y las de animales al 4% del hato, y en 2025 solo se exportaron 6.217 hembras a Venezuela cuando se creó la zona binacional en el Catatumbo, dizque para recuperar un hato que pasó de 18 a 7 millones de cabezas, por la expropiación de tierras ganaderas y el caos del Socialismo del siglo XXI.

Que, a costa de la balanza comercial, “es preferible que baje el precio de la carne para las y los colombianos, y eso no se puede si se sigue permitiendo la exportación”. Aquí Petro no habla de política económica, sino que hace política electoral. Sin ánimo de insultar, traigo la frase de campaña de Clinton en 1992 ¡Es la economía, estúpido!

Además, la preocupación por el hato es inconsistente con sus ataques a la ganadería, como lo es el ataque a las exportaciones ganaderas con el discurso de que las agropecuarias reemplazarán la renta petrolera. Me quedo con la sensata declaración de la ministra: “No se puede prohibir exportar carne, pero se debe garantizar abastecimiento”.

Si de ayudar a los más pobres se trata, en lugar de perseguir exportaciones, Petro debería apoyar la salvaguarda a las importaciones de leche de Estados Unidos, en la que insistimos para salvar de la ruina a más de 300.000 ganaderos dedicados a la lechería, la mayoría campesinos minifundistas.

A este gobierno habría que ponerlo a repetir una plana: Menos odios, más política pública, menos política electoral.