Desde 2018, por primera vez en la historia de la humanidad, las personas mayores de 65 años superaron a la población menor de 5 años. Este grupo etario representa el 10,2 % de la población mundial y se espera que, a 2050, alcance el 22 %. Se prevé que, para finales de la década de 2070, la población mundial de 65 años alcance los 2200 millones.
Los países deberán enfocarse en las problemáticas de salud que afectan en particular a esta población, especialmente en salud mental, pues, a la misma velocidad de estos cambios demográficos globales avanza silenciosamente la soledad senil, una enfermedad psicosocial con gran impacto en los adultos mayores. Por ser seres sociales, permanecer solos afecta negativamente el bienestar emocional y la salud mental y física e, incluso, puede ser riesgoso para la vida.
Un estudio de investigadores de la Universidad de Valencia (España), sobre los determinantes de la soledad no deseada en adultos mayores (2025), enfatiza que se debe tener en cuenta que, mientras que el aislamiento se refiere a la falta de interacción social, “la soledad está asociada a la percepción subjetiva de que las necesidades sociales no están siendo satisfechas”, es decir, alguien rodeado de mucha gente también puede experimentar soledad por la calidad insuficiente de las relaciones.
Es claro que la ausencia total de apoyo en este ciclo en aspectos críticos como los percances de salud, las necesidades emocionales, la pérdida de familiares o personas cercanas e, incluso, en condiciones económicas adversas, puede traer consigo un deterioro de la calidad de vida, generando padecimientos como depresión, ansiedad, pérdida de la capacidad de concentración, trastornos del sueño, demencia, entre otros; al igual que derivando en otros de tipo físico como enfermedades cardiovasculares, ictus, diabetes, etc.
Contrario a lo que se creía sobre la relación entre el envejecimiento y el deterioro inevitable de las capacidades cognitivas, una investigación de la Universidad de Yale define que en la vejez se puede mejorar el desempeño cognitivo si hay estimulación relacional.
Este panorama implica la urgencia de mantener redes de apoyo social que faciliten el acompañamiento emocional y sicológico, —como se da en la familia extendida—, que permita erradicar el edadismo, y reconocer el valor y acervo que guardan los mayores; nuestro compromiso debe ser que cada familia cuide a sus abuelos. A la par, es necesario el aseguramiento de condiciones de vida dignas para ellos, a través de políticas públicas que contemplen protección social integral.
@Rector_Unisimon








