Ansiedad, depresión y dismorfia corporal son algunas de las patologías, producto del uso continuo de plataformas digitales desde la niñez, sufridas por la joven de 20 años que interpuso una querella judicial que derivó en la decisión de un jurado en el estado de California, Estados Unidos, que responsabilizó por ello a las grandes compañías tecnológicas Meta y Google.

El fallo, específicamente por el uso de Instagram y Youtube, estableció que tales efectos negativos son el resultado de una acción deliberada, ya que las diseñaban con el propósito de retener al usuario y de generar afición extrema, con funciones tales como el desplazamiento interminable de videos y el algoritmo personalizado que se alimenta de las interacciones como “me gusta”, veces compartida, comentarios y tiempo de visualización. Además, agrega que sus propietarios han sido negligentes en la protección de los menores de edad que las utilizan. Por tal situación, fueron condenadas a pagarle a la demandante una indemnización de US$ 6 millones por daños y perjuicios, aparte de los punitivos, que aún no han sido tasados.

Esta decisión histórica se suma a otras que ya se han venido adoptando en los estrados judiciales en EE. UU., a raíz de la probada afectación por los contenidos adictivos que llevan al uso desmesurado de las redes sociales y por la cual está siendo calificadas como “máquinas de adicción”. Otra demanda fue fallada en Nuevo México por un caso en que investigadores oficiales simularon ser niños en redes sociales y documentaron solicitudes sexuales que les hicieron, por lo cual el jurado estimó que las compañías eran responsables por ocultar información sobre deficiencias en sus plataformas que facilitaban la explotación sexual infantil, otro gran riesgo para los menores.

Ciertamente, las redes sociales son una forma moderna y eficaz de comunicación, que propaga a gran velocidad y con una amplia cobertura los mensajes, noticias, artículos, opiniones, etc., que queremos expresar, pero su uso exagerado puede tornarse patológico, como lo podemos ver a diario en nuestros hogares. Acertadamente, el filósofo surcoreano Byung Chul Han manifiesta que “...en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío”.

Es preciso aplicar controles domésticos y, al mismo tiempo, exigir de manera vehemente una regulación que no sea permisiva, con enfoque en una responsabilidad social compartida y que priorice la salud mental, sobre todo, la de nuestros niños y jóvenes.

@Rector_Unisimon